El control de acceso, con el que sueñas muchas personas y organizaciones, no permite que suplantadores e impostores se salgan con la suya. Esto es posible gracias a los sistemas biométricos.

Por: Alice Waldorf

Algunas personas no ven a la tecnología de reconocimiento biométrico de la mejor forma, ya que piensan que ésta atenta contra su privacidad. Lo cierto es que no hay razones para desconfiar de los sistemas biométricos por varios motivos. El primero de éstos es que los sistemas comerciales, los cuales son los más usados, funcionan en modo de validación y no de identificación. Lo que esto quiere decir es que los mecanismos biométricos, disponibles en el mercado, no pueden establecer la identidad de una persona que va por la calle, por ejemplo. Para algo así se requiere de varias cosas y lo primero es un banco de muestras biométricas bastante grande, como el que solo manejan instituciones del estado.

Aparte de una gran base de datos de huellas digitales, muestras del iris u otras marcas biométricas, un sistema de identificación requiere dispositivos que se conecten con dichas bases en cuestión de segundos. Además, dichos dispositivos SÍ toman, en su totalidad, una huella digital -así como otras muestras biométricas- con el fin de establecer la identidad de una persona sospechosa, de un indocumentado, etc.

Por su parte, los sistemas comerciales de biometría también cuentan con una base de datos mucho más pequeña que la de los mecanismos de investigación. En dicha base no se archivan imágenes completas, de una cualidad biométrica, sino plantillas que se conectan con la cualidad. Para ello, el sistema identifica los puntos más destacados de un rasgo biométrico y con ello crea una plantilla. Estas plantillas son únicas en cada dispositivo y por ello solo las personas matriculadas, en un dispositivo de este tipo, podrán ser validadas.

El propósito de los sistemas biométricos de validación es comprobar si a una persona se le ha dado permiso para realizar determinada acción, la cual en muchas ocasiones es acceder a determinado lugar. En todo caso, las plantillas que se almacenan en estos dispositivos por sí mismas no dicen mucho de la identidad de una persona. En algunas versiones, los mecanismos de validación crean secuencias numéricas que, de llegar a manos de otra persona, no sirven como parámetro de identificación.

Dado que los sistemas comerciales de biometría validan y no identifican a las personas, sus usuarios no tienen razón para creer que su privacidad está en riesgo, porque son mecanismos que solo funcionan en casos particulares. Además, la validación de personas permite acelerar y optimizar varios procesos que, con mecanismos convencionales, tomaban mucho tiempo y eran poco precisos y no muy confiables.

Los sistemas biométricos, al ser poderosos mecanismos de validación de identidades, hoy son una de las mejores alternativas para crear un control de acceso eficiente.