Inteligente, astuta, poco sentimental, arrogante, sabedora de su gran capacidad intelectual y convencida de que había nacido para dedicar su vida a gobernar una nación, esa fue Carlota, la princesa que vino a México para ocupar, a pesar de su efímero gobierno, muchas páginas de la Historia.

Por: Adán J. Loredo

Carlota nació el 7 de junio de 1840, con toda la sangre real de Europa corriendo por sus venas. Fue educada de acuerdo a su condición de princesa, algo que la pequeña no desaprovecho en absoluto y con el paso del tiempo se convirtió en una jovencita políglota y muy culta.

Su padre, Leopoldo I de Bélgica, tenía planes para su hija. En dichos planes no estaba contemplado que se casara con un segundón, es decir, alguien que solo muerto su hermano mayor subiría al trono. Pero ella se enamoro de un joven archiduque austriaco, que era indeciso, falto de carácter, apenas medianamente inteligente y, para acabarla, segundón.

Arrogante y caprichosa como era la princesita, se caso con el archiduque el 27 de julio de 1857. Por presiones de Leopoldo I, hacia el cuñado de Carlota, Francisco José, quien ya llevaba sentado algunos años en el trono de Austria, le dio a ésta y a su esposo Maximiliano la posibilidad de gobernar los territorios italianos entonces en poder de Austria: la Lombardia y Venecia.
 
Los jóvenes esposos no lo pensaron mucho y se fueron a cumplir con su labor de gobernantes, para la cual creían haber nacido. Los italianos ya no toleraban la tutela de Austria y esto hizo que el matrimonio encontrara solamente hostilidad por parte de sus vasallos, aunque Maximiliano trato de conquistarlos con sus ideas liberales. Ni éstas ni sus buenas intenciones convencieron a nadie. Lo que si consiguió fue hacer enojar a su hermano. Antes de que las cosas se pusieran peor, Francisco José removió a su hermano del cargo.

Maximiliano, que tampoco era un hombre dado a los problemas, se fue a meter a su castillo de Miramar en las costas del Adriático. Carlota vivía en un infierno, ella era una mujer de acción, nacida como hija de un gobernante y con cualidades para imitar a su padre y hacer incluso las cosas mejor que él. Mientras Maximiliano se pasaba la vida entre mariposas y jardines, ella no veía el día en que podría tener un pueblo para gobernarlo. Constantemente lo atormentaba por no buscar una corona y por conformarse con una vida pacifica siendo aun muy joven.

Un buen día les llego el rumor de que un grupo de mexicanos exiliados en Europa buscaban monarca para un imperio mexicano que en esos tiempos no existía. El emperador de Francia, Napoleón III, se ofrecía a fundarlo a punta de cañonazos. El joven matrimonio se ilusiono desde el principio, más ella que él. Aprendieron lo más rápido que pudieron la lengua de Cervantes y por medio de la obra de Lucas Alaman, se cultivaron sobre el país que les prometía un imperio. Las negociaciones avanzaban rápidamente y también los cañonazos comenzaban a fundar el imperio. Al mismo tiempo se buscaba un monarca para Grecia, pero Maximiliano opto por México. De sobra esta decir que el que si acepto el trono de Grecia vivió muchos años mas que Maximiliano.

La empresa era demasiado peligrosa. El país al que gobernarían estaba en guerra y a ésta no se le daba la gana terminarse pronto. Maximiliano trato de hacer como que no se daba cuenta de eso, pero un día que su cabeza trabajo correctamente, dijo que no quería saber nada de México y rechazo el trono. Sabia decisión, de mantenerse firme se hubiera evitado muchas desgracias. La mayor de todas: que le llenaran el pecho de plomo. A Carlota la negativa de su esposo le cayó como un balde de agua fría. No solo no la acepto, sino que lo obligo a reconsiderar su decisión.

Finalmente llegaron a Veracruz el 28 de mayo de 1864. Fueron recibidos por el ejército francés que tenia ocupada ya una buena parte del país. Se instalaron en el Castillo de Chapultepec como su residencia oficial. Cada uno se dedico a hacer lo que mas disfrutaba: Carlota a gobernar y Maximiliano a viajar y a seducir mujeres. Pronto se dieron cuenta que las cosas eran como ellos se las imaginaban y no como se las habían contado: los republicanos no estaban para nada acabados, ni tenían deseos de darse por vencidos. Eran un ejército en toda regla, con ideología propia. Obedecían lealmente a un presidente que estaba dispuesto a todo antes que darse por vencido. La coalición formada en su mayoría por franceses, belgas y austriacos, no se daba abasto para someterlos.

El primer problema al que se enfrentaron los jóvenes monarcas, fue el mismo al que se enfrentaron sus antecesores: la falta de dinero generada por las guerras. Napoleón III se mostraba generoso. Conocía a Maximiano de tiempo atrás y sabía lo fácil que era engañarlo, o, lo que era lo mismo, dominarlo. El francés quería a México como un país del que pudiera servirse y de paso el estado de Sonora para explotarlo sin que Maximiliano objetara nada. Todo mundo estaba enterado de eso, ya que en realidad el hombre que gobernaba en el país, los territorios que estaban en poder de los imperialistas, era el mariscal Bazaine, quien tenía a Napoleón III al tanto de todo lo que pasaba.

Carlota observo a las primeras que México era un país dominado por la corrupción y la ignorancia. Trato de actualizar el país y publico todas las leyes que se le vinieron a la mente, las cuales eran en beneficio de los más oprimidos. Era católica como su pueblo, por obligación, pero pensaba que primero debería estar el Estado y después la Iglesia, no al revés como pensaban los conservadores que la trajeron. Se dio cuenta de la corrupción que ejercía con descaro el clero, lo que la altero demasiado. En una reunión con el enviado del Vaticano, sugirió lanzarlo por una ventana del Castillo de Chapultepec.

Como era de esperarse, se había tomado muy a pecho su cargo de emperatriz y lo ejerció con mano de hierro. Pero también como era de esperarse, el imperio no duraría porque en realidad nunca existió. La ayuda de Francia era absolutamente necesaria para que Maximiliano conservara la cabeza en su lugar, lo que convertía a los emperadores en unos invasores. Napoleón III comenzó a darse cuenta que se había metido en una empresa estéril y a considerar la retirada. Carlota partió rumbo a Europa para lograr que el emperador de los franceses no les retirara su ayuda. Napoleón no veía la hora de salir del problema llamado México y le dio el golpe de gracia al cerebro de Carlota. Al darse cuenta la emperatriz que su imperio pronto se transformaría en un recuerdo, perdió la razón.

El emperador sabía que pronto se quedaría solo y ya le daban ganas de abdicar. Mientras tanto los combates se hacían cada vez más sangrientos y los franceses preparaban su retirada, la cual hicieron en marzo de 1867. Poco antes de perder la razón, Carlota tuvo la capacidad para ser crucial en el destino de su esposo. Le escribió diciéndole que mientras hubiera emperador, el imperio no dejaría de existir. En otras palabras: categóricamente le ordenaba no abdicar. Después de su entrevista con el monarca francés, Carlota se fue para el Vaticano donde les dejo bien claro a todos los que la vieron que ya no era dueña de la razón.

Maximiliano se enteró de la desgracia de su esposa cuando mas problemas tenía. Se quedo solo, sin dinero y los hombres que lo trajeron ya estaban totalmente arrepentidos de haberlo hecho. Formo un ejército con los conservadores mexicanos y los miembros de la coalición invasora que se habían quedado. El optimismo le entro como último remedio. Un genio militar, el general Miguel Miramón, llegaba de Europa dispuesto a derramar su sangre por él. Pronto el optimismo termino. Miramón sufrió una terrible derrota en Zacatecas a manos del general republicano Escobedo. El triunfador fusilo a cien prisioneros, en su mayoría franceses. Este suceso le dio a Maximiliano motivos para no dormir: si caía en manos de Juárez…

Con el barco ya casi hundido, el emperador salio por decisión propia de la capital y se fue a atrincherar en Querétaro. Poco tiempo después buscaba afanosamente la forma de salir de ahí. Cosa que no logro. El general Escobedo sitio la ciudad hasta que logro apoderarse de ella. El emperador fue sometido a un juicio en el que lo sentenciaron a muerte. Por más intentos que se hicieron para que el presidente Juárez le perdonara la vida, no se logro nada. Volvió a Europa en una caja después de ser pasado por las armas el 19 de junio de 1867.

Carlota quedo completamente loca a la edad de 26 años. De su resplandor de antaño solo conservaba aun, su juventud y, por ende, su gran belleza. Al parecer la única noticia que pudo recibir, en uno de sus raros y efímeros momentos de lucidez, fue que Maximiliano había sido pasado por las armas. La noticia la hundió más en la locura. De los 60 años que vivió después de la muerte de su esposo se sabe poco, a lo mucho que tenía un muñeco llamado Max y que algunas veces tocaba el himno nacional mexicano en un piano. En pocas palabras, Carlota murió para la historia el mismo día que su marido. Su existencia fue estéril durante más de medio siglo.

Mucho se hablo y se escribió de ella cuando ya estaba inmersa en la locura. Aún se sigue especulando la causa por la cual perdió la razón. Para algunos no basta el desengaño que sufrió el día que Napoleón III le negara mas ayuda, viendo así el fin de su imperio. Se dice que le suministraron bebidas a propósito para volverla loca. También existe la teoría de que influyo mucho en ella pasar su niñez en una habitación contigua a la tumba de su madre.

Por ultimo, se le atribuye una supuesta maternidad, pero no se habla de que su hijo hubiera sido también hijo de Maximiliano, ni tampoco existe la certeza de quien fuera el padre. No existen fotografías de Carlota una vez que se fue de México, ni falta que hacen. Así seguirá para siempre en nuestra historia, con su hermoso rostro arrogante que seduce aún a la primera vista después de tantos años.

Adán J. Loredo