La historia del presidente Kennedi me hizo replantearme la idea de comprarme coches de segunda mano como alternativa a la imposibilidad de acceder a uno nuevo.

Por: Mario Uno

El pasado domingo lo pasé viendo un documental sobre la muerte del presidente Kennedy; ya saben, quizá uno de los presidentes más famosos de la historia de los Estados Unidos. Es curioso esto de la línea de pensamiento, porque empieza en algo muy normal y muy acorde a lo que estás presenciando (o leyendo o escuchando) y termina en algo completamente distinto pero que, no obstante, tiene también un nexo de unión. Viendo este documental me ocurrió: empecé pensando, por supuesto, en el presidente en cuestión, en la historia del mundo en peso durante la época de su presidencia; y terminé pensando en coches de segunda mano.

Como lo oyen. No es tan extraño, vamos a ver: si saben un poco de historia universal, sabrán de qué forma murió el presidente Kennedy. Y no solo eso, sino que habrán visto las eternas y archiconocidas imágenes: una muchedumbre y el presidente en su coche oficial; un coche descapotable para más inri. Lo que recuerdo haber pensado en aquel momento fue algo así como “si su coche tuviera techo, quizá no habría muerto”; y también “mi coche tendrá techo”. Y me puse a pensar en el coche que me compraría la semana próxima. Entienden ahora el motivo de la susodicha línea de pensamiento, ¿verdad?, llevo unos días demasiado excitado y no pienso en otra cosa: en los coches segunda mano y en el hecho de que uno de ellos será mío.

Llevaba tiempo deseando comprarme uno. No porque sea la ilusión de mi vida acabar como Kennedy, no (por eso tiene techo), sino porque mi lugar de trabajo está en el pueblo de al lado y los transportes no son gran cosa: un autobús cada hora. Ya estaba harto: busqué en internet, encontré buenas ofertas de coches segundamano y me dije “me la juego”. Mi decisión es irrevocable.

Y tú, ¿has buscado y comprado alguna vez coches de segunda mano?