De cabeza caída y pies arrastrados, llega a la mesa de desayuno. Allí le esperaba su preciosa hija, Valeria, quien dice: 
-	Papi, siento algo en el pecho y me tiene preocupada, no es normal, siento como si el corazón se me saliera.

El padre asombrado pregunta: 
-	¿Te duele mucho?, 

Y le responde: 
-	Es un dolor extraño, pero sí, es fuerte.

Preo  De cabeza caída y pies arrastrados, llega a la mesa de desayuno. Allí le esperaba su preciosa hija, Valeria, quien dice:
- Papi, siento algo en el pecho y me tiene preocupada, no es normal, siento como si el corazón se me saliera.

El padre asombrado pregunta:
- ¿Te duele mucho?,

Y le responde:
- Es un dolor extraño, pero sí, es fuerte.

Preocupado, repregunta
- ¿Es solo en el pecho?
- Empieza en el centro pero se extiende por todo el torso, dice Valeria.

Ya asustado, el padre insiste:
- ¿Desde cuándo te empezó a doler?

- Realmente me da cada vez que te veo, y le abre una inmensa sonrisa.

La mañana parecía anticipada, la noche se percibió muy corta, el sueño embarga. Los huesos duelen, pero no más que el alma. En la oficina el trabajo sigue acumulado y en las finanzas, las deudas no dejan de punzar. Y le esperan dos horas de tráfico infernal.

Sabemos que no es normal, pero por razones ilustrativas hemos construido dos finales para esta historia. Y el primer final es este:

Después de su última respuesta (“realmente me da cada vez que te veo”), Valeria le abre a su padre una inmensa sonrisa.
A sus doce años, Valeria ya siente el agradecimiento en el alma, ya percibe la admiración por sus logros, ya sufre con su sacrificio permanente. Ya distingue el amor por su padre. Quería expresárselo con un gesto de cariño que le llegara al alma. Y aunque no lo planificó, aunque fue solo creatividad brotando de sus orgullosos labios, lo logró. Ante tan bella demostración, el padre enternecido drenó sus tensiones con un fuerte abrazo, aderezado con lágrimas de cariño.
Sintió una presión en su pecho, pero ahora diferente, el alivio, la tranquilidad, el reconocimiento, la alegría, en resumen, el amor se apoderó de cada célula de su cuerpo. El día de seguro no sería igual, ¡ya cambió!, será un mucho mejor día.
Que importante lección de mansedumbre, sencillez y amor nos brinda Valeria en su gesto afectivo. La mansedumbre en el dueño es una gracia que tiene un gran poder de influencia. Viene a ser como una piedra preciosa con engastes de oro, su brillo es apacible pero poderoso, como fortaleza. Convierte hasta la más fría roca en un corazón cálido, tierno, amable, cumplidor, sincero y conmovido.

Pero no olvidemos el segundo final:
Después de su última respuesta (“realmente me da cada vez que te veo”), Valeria le abre a su padre una inmensa sonrisa.
El padre no resistía una noticia negativa más, el seguro médico había expirado y una enfermedad sería imposible de cubrir, y menos del pecho. Su preocupación por la posible dolencia había minado de tal forma su ya deteriorado estado de ánimo, que interpretó la amplia sonrisa de su hijita como el final de un cruel chiste.
La explosión no se hizo esperar, sin posibilidades de explicación golpeó la mesa y pegó tres gritos que llegaron a los límites de la ciudad. Su indignación no cabía en el cuerpo. Drenó, pero no solo su molestia por la infeliz broma, sino que salieron todas las frustraciones, desesperanzas y fracasos acumulados.
Salió de la casa con un portazo por despedida, no escuchó el intento de explicación de su pequeña, miró con rabia a su esposa gritar, no atendió la solicitud de bendición de su hijo.
Y así siguió todo el día. No escuchó al muchacho que empujó en su camino al transporte, miró con rabia el saludo del chofer, no atendió los llamados a calma de un compañero de trabajo.
Al llegar a su casa, las doce horas adicionales de cansancio acumulado le habían agotado las reservas de energía. Vio a su hija con molestia, pero esta vez, la niña insistió y con lágrimas en los ojos y casi de rodillas logró ser escuchada:

- Discúlpame papi, no fue mi intención molestarte, no sé lo duro que fue tu día, pero el mío fue horrible esperando hablar contigo. No sabes cuánto lamento haber generado otra molestia. Solo quería alegrarte el día diciéndote cuanto te quiero y lo único que logré fue empeorarlo. Te prometo que no volverá a ocurrir.

Solo imagina las lágrimas del padre al recordar la conversación de la mañana y entender que la risa no era de burla, al remembrar que la carita ilusionada de su hija no era más que el reflejo de su gran amor por él.
Los hogares necesitan de la gracia de la mansedumbre. Hay una enfermedad social que avanza rápidamente, es tenaz, indolente e incomprensible. ¿Cómo nació tanto desorden e ira social? No tenemos explicación y encontrarla sería justificar.
La demostración de este valor adecúa la mente para recibir nuevas y atrayentes impresiones llenas de verdad. El ser humano que tiene esta gracia es más susceptible a las influencias benéficas de la vida.
Es el amor lo que te permite llegar a ser manso. Amor y mansedumbre forman el caldo de cultivo perfecto para la aparición de valores como tolerancia, solidaridad y honestidad, virtudes todas que te llevarán a convivir armónicamente en sociedad y te acercarán a otros éxitos en cualquier ámbito de la vida.
Muchos son los beneficios de la mansedumbre. Aquí te presentamos algunos de ellos:
Lenguaje: el manso nunca tendrá una partícula de jactancia ni de arrogancia como por ejemplo: “Yo lo hice”, “mis esfuerzos hicieron que salieran bien”, “si no hubiera sido por mí…”.
Imagen: es un adorno interior que se exterioriza con acciones sinceras. Debe ser demostrada en nuestros pensamientos, actos y sentimientos.

Temperamento: el duro e impetuoso debe ser dominado por un espíritu apacible.

Carácter: esta conducta es una fortaleza, aunque para muchos significa debilidad. Por eso es una gracia olvidada en algunos, odiada por otros y disimulada en la mayoría.

Sencillez: el alma se embellece, la cultura es refinada, los modales cambian. La sencillez es el vestuario del cordero.

Comprensión: el manso se esfuerza honesta y naturalmente por entender a profundidad los hechos, mentalidad y emociones de su entorno.

Paz: el mundo sería distinto, la paz gobernaría en cada hogar, el odio quedaría desarraigado de los corazones y una dulce armonía reinaría en nosotros.

Seamos fuertes como Valeria en la forma de pensar, aprendamos de los niños y sus cualidades mansas. Quizá necesitemos una reforma en nuestro ser, pero aún hay tiempo de ser excelentes practicantes de esta bella cualidad moral. Amansemos el mundo, fortalezcamos las familias, impulsemos nuestro éxito.

“Entre más exteriorizo el cordero que de mí brota, más introyecto el verdadero león que en mí habita”
Jaime Mora

A lo largo de mi vida he visto como los individuos son capaces de cambiar y ante cada amanecer descubrirse como un nuevo ser humano. ¿Quieres impulsarte al éxito y lograr tus metas?, ¿inspirarte con auto motivación?, ¿aprender a gestionar tus emociones?, ¿apalancar valores?, ¿desarrollar hábitos competentes?, ¿descubrir la magia del reconocimiento?.. ¿Quieres amplificar tu ser?
Soy Jaime Mora, amplificador e ilustrador del ser. Escritor por pasión, Coach por vocación, Consultor por acción. Con cinco años en estudios de IV nivel. Con más de 20 años de experiencia en el ámbito empresarial.
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