La democracia se entiende como el sistema político donde el pueblo de un Estado ejerce su soberanía.  Es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, tal como lo inmortalizó el abogado y político estadounidense, Abraham Lincoln.

Las principales características de la democracia moderna son la libertad individual; esta proporciona a los ciudadanos el derecho a decidir y la responsabilidad de autodeterminación; lo mismo que igualdad ante la ley, sufragio universal y educación.

Las características anteriores han sido proclamadas en documentos históricos, como la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, que afirmaba el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad; la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de Francia, que defendía los principios de libertad civil e igualdad ante la ley, y la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en diciembre de 1948. En esta se recogen los derechos civiles y políticos fundamentales que pertenecen a personas y naciones, tales como vida, libertad, intimidad, garantías procesales; condena y prohibición de la tortura, de esclavitud; y el reconocimiento de los derechos a reunión, asociación, huelga y autodeterminación, entre otros.

Es importante reconocer que en lo que se indica en el párrafo anterior se han logrado importantes avances; sin embargo las condiciones sociales continúan teniendo las mismas características de hace muchos años. A mediados del siglo XX la mayor parte de países independientes del mundo, contaban con un gobierno en su forma, pero no en la práctica, que reflejaba algunos de los principios democráticos.

En lo que a Latinoamérica se refiere la democracia se inicia con el proceso de emancipación o independencia (1808 – 1826). Ello no significa que la democracia se haya instaurado como tal, pues a partir de esa época se han experimentado imposiciones de grupos dominantes; por ejemplo, se generó el predominio del caudillismo, ha habido presiones de caciques y oligarcas, se han dado enfrentamientos ideológicos y una dependencia económica externa; creando un clima de inestabilidad, subdesarrollo; estancamiento generalizado, dictaduras militares, regímenes autoritarios, entre otros. Unos pocos han usado la libertad para explotar a los débiles.

La búsqueda de la paz social, el deseo del pueblo de acabar con la opresión, la injusticia social, la falta de oportunidades para todos; y otros de igual relevancia ha hecho que los pueblos se subleven con sobradas razones contra los regímenes referidos anteriormente.

La presencia de los distintos poderes que le son propios a las sociedades, han influido de manera notable; haciéndose sentir para bien o para mal. El poder económico y político ejercen supremacía sobre el poder social del pueblo; este último que se hace representar por las distintas agrupaciones de trabajadores, sindicatos, gremios y otros de igual naturaleza, que tienen como fin último defender los intereses de los sectores marginados, de aquellos que no tienen voz ni voto en los sistemas, y que hacen valer sus derechos a través de las luchas reivindicativas. Este poder cuando se sale de control debido a la marginación o explotación a la que es sometido, se convierte en un verdadero instrumento de transformación de la sociedad, de ahí que los derechos laborales, derechos de la mujer, entre otros, son resultado de la lucha del pueblo por conquistar mejores espacios en la sociedad.

Las sociedades han creado condiciones desalentadoras para las grandes mayorías. Estas viven con la esperanza de que un día sus condiciones sociales mejoren; añoran tener un empleo bien remunerado que les permita satisfacer sus necesidades familiares básicas; desean tener acceso a los servicios básicos; sin embargo, sus sueños se ven truncados, pues cada vez más las condiciones empeoran y la brecha existente entre ricos y pobres se deja ver por doquier. El cinturón de miseria y pobreza crece y quienes detentan el poder económico y político, nada hacen por aliviar el sufrimiento de los desposeídos. Los distintos sistemas de gobierno dicen trabajar a favor de las mayorías. Las personas anhelan creer en sus gobernantes, pero los días se hacen semanas y meses; llegan los años, luego se van y vienen otros; pero jamás se ha visto un sistema de gobierno llámese capitalista o socialista que desarrolle programas de carácter social, que verdaderamente satisfagan las expectativas de las colectividades.

La democracia propugna por un sistema de libertades, por igualdad, justicia y bien común. Jamás en teoría se puede concebir un sistema de gobierno que diga llamarse democrático y tenga fines contrarios a los expuestos. Todos los políticos demagogos en campañas electorales o en el gobierno hablan a los ciudadanos de proyectos de carácter social; pero en el mejor de los casos vemos a los gobernantes tomar medidas superfluas que en nada mejoran las condiciones de vida de los habitantes. Asimismo, la mayoría de pensadores actuales, son unos asalariados, que por defender sus intereses mezquinos, no les importa sacrificar la vida de las personas humanas, ideologizando de manera equivocada; y mientras tanto, muere la esperanza de los oprimidos, marginados y explotados de la sociedad.

Cierto, en un sistema democrático se permite el libre pensamiento y la difusión del mismo; pero no basta simplemente participar de la manera en que lo hago a través de este artículo; se necesita más que una simple participación ciudadana, dando a conocer su inconformidad con el gobierno y sus gobernantes. Es necesario que los funcionarios de gobierno escuchen el clamor del pueblo y tomen medidas que beneficien a la colectividad. 

Necesitamos que nuestra democracia no sea vista nada más como una simple alternancia en el ejercicio del poder; o como el derecho del pueblo al sufragio, sino como el ejercicio del pueblo en el poder, y se le dé pleno cumplimiento a lo preceptuado en la Constitución de la República (1983) y que entre otras cosas dice: “El Salvador es un Estado soberano. La soberanía reside en el pueblo…” Derecho que nace desde la emancipación de la corona española.

La democracia producirá frutos, cuando el pueblo viva en condiciones sociales justas, dignas y humanas. Cuando todos tengan acceso a la educación, a la salud, al empleo, a una vivienda digna, entre otros; en otras palabras, la democracia se consolidará, cuando exista paz social. Solo entonces podremos hablar de un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Lic. Jaime Noé Villalta Umaña

Prof. y Abg.