“…Duda de todo. Encuentra tu propia luz…”
Buda.

Ciertamente; tal como si nuestra existencia, recorriera dos caminos divergentes; la percepción de la “realidad”; ha sido interpretada con marcada permanencia; por medio de dos vertientes opuestas; a saber: y < El origen “metafísico, o, espiritual”>.


Esta complicada percepción de dualidad; ha constituido hasta la actualidad; el arquetipo más controversial en la historia de la raza humana; porque coloca a merced de la casualidad; el hecho de la presencia física universal; ya sea de planetas, sistemas solares, estrellas, galaxias, y en general; de las especies, que habitan el Universo. En esta dualidad, el ser humano ha procedido como una especie de moderador o referí; que dictamina, regulariza, instruye y determina; si lo que observamos tiene relación con Dios, o no.


Evidentemente, esta forma dual de experimentar; a tenor de los conflictos que crea y ha creado, a lo largo de la historia de la humanidad; convierte al ser humano en un hecho físico exclusivamente, que observa en calidad de juez , su probable mundo “físico” sin sentirse absolutamente integrado para nada; a la majestuosidad del proyecto universal generador de vida.


Esta disyuntiva, que ha creado la mente humana; ha sometido a reflexiones de corte físicas, o metafísicas; un enlace que proviene de la resonancia armónica universal; y que en definitiva; ha desmembrado el infinito potencial humano, a través de percepciones discordantes; provistas por el pensamiento; donde se trata de identificar por medio de imágenes mentales; nuestra alianza ineludible con la Creación Divina.


¿Pero qué sucede cuando producto de la inspiración intrínseca del ser humano, por inspeccionar su origen; la sutil membrana que divide a “físicos” y “metafísicos”, comienza a desbaratarse? ¿A dónde van a parar, nuestras creencias disimiles? ¿Cuál es el impacto en nuestro mundo cotidiano, cuando podemos intuir nuestra verdadera esencia física y espiritual?


Tratemos de indagar en proximas entregas que sin duda les hare llegar en consonancia apacible  con la naturalidad que emerge de estas preguntas; las respuestas que serenamente; el tema merece.