Al adolescente se le pueden dar consejos, obligaciones, pero no condenarlo al estrecho camino de ser servidor de padres y dueños de la verdad. Se está trantando con un niño que se encuentra transitando por dos mundos simultáneos, por lo cual, se requiere una especial atención al trato que se les da. Las gratificaciones del adolescente son tener momentos de libertad, de fusionarse con sus amgios, el entorno social y obtener de ella gratificaciones individuales. Esto es obtener una buena autoestima, que es en el fondo poner en marcha adecuada sus aptitudes y vocaciones.

El adolescente no es un autómata capaz de obedecer y actuar por órdenes perentorias, sino sería un muy grave enfermo (obediencia automática) que hace lo que le dicen sin estarlo viviendo.

Veamos muy bien lo que vive el adolescente, pues éste se está formando, desarrollando y no haciendo una vida prestada por los demás. Puede agredir, puede seducir, despreciar, puede enemistarse, pero sus padres, hermanos mayores deben entender qué le está pasando sin interrogarlo excesivamente. Ayudarlo cuando está desdichado, derrumbado, pues algo le pasa, aunque éste no lo pueda expresar (secreto adolescente), y a lo mejor en el futuro para él no sea más que una anécdota.

Lo que debemos hacer no es encerrarlo, ni hacerlo responsable de conductas que él revela, como descarga, para no realizarlas. Debemos ver las motivaciones de esas conductas. ver bien sus déficits, de identificación, de identidad, físicos, etc.

El adolescente infantil tarda un largo tiempo en evolucionar. Estos pueden persistir durante mucho tiempo y es necesario tomarlo con sumo cuidado. Pueden desembocar en transtornos psíquicos cuyos diagnosticos confunden a los padres.

No es lo mismo que el adolescente busque la infacia perdida, consciente o inconscientemente, que seguramente deseen volver a ser niños, haciéndose los que necesitan mimos, cariños, etc. Esto no es lo mismo que la regresión infantil en el sentir y vivir y el alejamiento de las cosas de la vida que puede desembocar en una esquizofrenia. En definitiva, tratar con un adolescente infantil requiere darle tiempo a él y a uno mismo, para entender las raíces de los problemas que presenta.