Weber se centra en las religiones de salvación -convicción- porque en ellas residen las principales causas para explicar el cambio de actitudes que conduce a la sociedad moderna. @font-face { font-family: "Courier New"; }@font-face { font-family: "Wingdings"; }@font-face { font-family: "MS 明朝"; }@font-face { font-family: "MS 明朝"; }@font-face { font-family: "Cambria"; }p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 10pt; font-family: "Times New Roman"; }p.MsoBodyText, li.MsoBodyText, div.MsoBodyText { margin: 5pt 0cm; line-height: 150%; font-size: 14pt; font-family: "Times New Roman"; }span.TextodecuerpoCar { font-family: "Times New Roman"; }.MsoChpDefault { font-size: 10pt; font-family: Cambria; }div.WordSection1 { page: WordSection1; }ol { margin-bottom: 0cm; }ul { margin-bottom: 0cm; }

Conceptualmente Weber distingue dos tipos de religión que le sirven para guiar su estudio sobre la función de las creencias en la formación de la sociedad moderna:

·      Religión de convicción orientada hacia la salvación, que se opone, de una manera u otra, al mundo.

·      Religión puramente ritual o de ley, que acepta el mundo e intenta adaptarse a él.

Las religiones de la salvación no están al servicio de la ley sagrada, sino de la convicción sagrada, actuando, en el plano ético, de manera revolucionaria (en razón del profetismo o del carismatismo que las alimenta).

El hilo conductor de su sociología de la religión es la noción de carisma: se centra en la capacidad de las creencias religiosas para transformar la sociedad. Para analizar las transformaciones sociales que devienen de la religión, distingue tres formas de conducta orientadas a la salvación.

·      El ritualismo, consistente en actos rituales o ceremonias capaces de elevar al ser que posee el carisma personal hasta el misticismo. La importancia que se da a lo sagrado lleva a volver la espalda a la actividad racional.

·      Obras sociales.

·      Perfeccionamiento individual según el método de salvación, que implica una especie de divinización personal del creyente.

Se interesa por el perfeccionamiento individual porque es la forma de conducta que específicamente define a las sociedades modernas de Occidente. Su tesis es que la necesidad del perfeccionamiento individual proporciona un sentido ético al capitalismo. Analiza las relaciones de la religión con las distintas clases sociales,  concluyendo que en las sociedades modernas los comerciantes son los que muestran más contrastes en sus creencias religiosas: “su actividad se enfoca primordialmente en la vida terrenal, pero en el curso de la historia son los burgueses las personas más piadosas”. Así, que es en las relaciones de la burguesía con la religión donde encuentra la posibilidad de conferir un sentido ético al capitalismo.

Piensa que en el cristianismo primitivo la religión fue, en general, un asunto esencialmente ciudadano, mismo que dejó fuera al pagano por tratarse sencillamente del hombre del campo, el paganus. Por otra parte, sostiene que para los militares y las antiguas aristocracias la religión adquiere importancia como mecanismo de orden social y reglamentación jurídica, mientras que para los intelectuales, debido en parte a que el conocimiento estaba monopolizado por los estamentos religiosos, mantenían estrechos lazos con la religión. Su análisis va un paso más allá al asignar una función primordial al proletariado moderno. Sostiene que aunque las capas inferiores los esclavos o los obreros no poseen una religiosidad específica —sus condiciones de vida obstaculizan la constitución de comunidades—, en el proletariado moderno, que surge en una sociedad predominantemente comercial-burguesa, se produce un cambio de actitud originado por su capacidad de organización y construcción de comunidades.

El racionalismo del proletariado -del mismo modo que el de la burguesía capitalista- deja poco espacio para el cultivo de la religiosidad.

Una vez dilucida la relación del proletariado moderno y de la burguesía con las religiones de la salvación se interesa por las sectas porque éstas son las únicas que pueden proporcionar una ética transformadora del mundo y explicar el surgimiento de una sociedad desencantada y racionalizada. La iglesia es una corporación que organiza la gracia y administra los dones religiosos, mientras que la secta, en cambio, presenta fuertes analogías con una sociedad mercantil en tanto se trata de una asociación voluntaria formada sólo por aquellos que se hallan religiosa y moralmente calificados de acuerdo con los principios del grupo. Mientras que las iglesias se mueven en un régimen de autarquía e insisten predominantemente en el respecto de los dogmas, las sectas mantienen una dura competencia entre ellas para captar adeptos y ofrecer a sus fieles una ética, normas de conducta.

El ascetismo puritano -una secta- es el punto de inflexión fundamental para comprender las transformaciones del mundo moderno. Para explicar su tesis, distingue dos formas de inserción de la ética en las creencias religiosas:

·      Misticismo: El individuo es como un recipiente que trata de llegar a un estado próximo a lo divino.

·      Ascetismo: Actitud teórico-religiosa acompañada de la conciencia de que el ser humano es un instrumento de la voluntad divina. Puede darse en dos formas.

 

El estudio del ascetismo permite a Weber formular una clasificación más, en la cual diferencia la actitud ética del católico de aquella que practican las sectas puritanas:

·      Católica: El hombre debe negar el mundo y huir de él para su glorificación, como ejemplarmente hace el monje católico.

·      Puritana: Considera al hombre un instrumento de Dios, pero que ha de glorificarse por medio de la actividad profesional, del rigor de la conducta en todos los terrenos de la vida, con el fin de realizar las tareas queridas por Dios.

Las sectas puritanas poseen una especifica capacidad ética y transformadora de la actividad cotidiana de los hombres. Para delimitar el modo en que el puritanismo abre las puertas a la racionalización de la vida secular y al desencanto del mundo moderno, estudia exhaustivamente otras orientaciones que proporcionan las distintas religiones de salvación.

En primer lugar, describe la primera forma de orientación de las religiones de la salvación ¾la negación del mundo terrenal¾ analizando los diversos tratamientos de la cuestión del sufrimiento (padecimiento) individual, constatando que existe una tendencia a tratar el sufrimiento como un síntoma del odio divino y de la culpabilidad secreta. Es en el judaísmo donde se encuentra la esencia del profetismo, que supone el momento inaugural de la trayectoria universal de la racionalización. Este profetismo da lugar a dos fenómenos que conducen hacia la fusión de la racionalidad y el contenido ético de las creencias religiosas.

·      Emerge la conciencia de la historicidad. Para el judío el mundo no es algo eterno e inmutable, sino algo creado que ocupa un lugar en el tiempo.

·      Surge la característica esencial de las religiones racionales: una “ética religiosa del comportamiento social”.

La importancia de este espíritu profético es que vence al conservadurismo ritualista e inicia el camino de la religión hacia la racionalización.

Este fenómeno de racionalización-desencanto es específico de las sociedades occidentales y para demostrarlo estudia las diferentes religiones históricas. En China al no romperse las ataduras del clan y existir una pronta centralización, que supone que las ciudades padezcan una clara debilidad política, no existen las condiciones para la existencia de una racionalización-desencanto Para Weber, el concepto apropiado para China es el “patrimonialismo”, tipo de gobierno organizado como una ampliación más o menos directa de la casa real. China se caracteriza por la ausencia de profecía y el escaso peso del sacerdocio en la vida religiosa. A pesar que en China existió una burocracia, esta fue totalmente diferente a la occidental: los funcionarios no tenían un poder independiente de los vasallos feudales por los siguientes motivos:

·      La designación de los cargos se basaba en exámenes. Era más importante la educación que su linaje o cargo.

·      Se evaluaban los méritos y los defectos de los funcionarios cada tres años.

En China no existían condiciones para que surgiera el capitalismo debido principalmente a dos factores:

·      Los grupos de parentesco defendían a sus miembros de las adversidades económicas. Al no tenerse una noción clara y diferenciada de un individuo autónomo y responsable, la concepción de libertad individual que el capitalismo presupone no podía existir.

·      La organización patrimonial del gobierno propicia con el desarrollo de una administración racional que por estar centralizada, es igualmente contraria a los principios capitalistas.

En el confucianismo no se encuentra la noción de salvación, pues como doctrina se basa en la piedad hacia los padres y superiores. El confucianismo representa una forma peculiar de racionalismo que se define por el control por parte de la razón de todas las pasiones humanas en aras de la paz y la armonía. Esta doctrina enseña a los hombres a adaptarse al mundo y no posee cariz revolucionario alguno. En definitiva, Weber piensa que en China existe una racionalidad material, pero no una racionalización del trabajo: “no está presente el ethos, propio del protestantismo, que exige la privación de los placeres, de invertir y de un crecimiento indefinido de la producción, características inherentes al capitalismo moderno”.

En el hinduismo Weber encuentra los trazos de una ética profesional cercana a la de las religiones protestantes, pero que, sin embargo, difiere por no estar asentada en un sistema racional. Si la burocracia y las relaciones de parentesco constituyen el hecho central de la sociedad dinástica china, en la India lo es el sistema de castas. La pertenencia a una casta no tiene que ver ¾en este caso¾ con las cualidades del sujeto, sino con su linaje. En la India la ética profesional es tradicionalista y no racional.

Diferencia las dos doctrinas principales del hinduismo.

·      La transmigración del alma (“samsara”).

·      La retribución (“karma”) en cada vida de los pecados de la vida anterior.

Al igual que con el confucianismo se pregunta por la influencia del hinduismo sobre la rutina diaria de las actividades mundanas.

·      Existe una idea de orden inmutable del mundo. Un orden que se identifica con el eterno ciclo de las transmigraciones.

·      El hinduismo, como las otras religiones de salvación, muestra un hondo menosprecio por los intereses mundanos.

·      Afirma el carácter extraordinario e irracional de todos los medios aceptados para procurar la salvación.

La formación de una ética religiosa en la India se da en el seno de una religión ritualista ¾en el marco de la teoría de la transmigración de las almas¾, dando lugar a un sólido conservadurismo social. Vistos los casos de China y la India, concluye que en Asia no surge la profecía mesiánica, que es la piedra angular para explicar los rasgos propios de la civilización occidental.

Las instituciones islámicas son incompatibles con el capitalismo porque a lo largo de su historia han estado dominadas por el “patrimonialismo”. La religión islámica es una doctrina monoteísta que se basa en una profecía ética que rechaza lo mágico, pero que nunca llega a constituirse como una religión de salvación.

En los escritos de Lutero esta el origen de una importante innovación semántica. Lutero es el primero en utilizar la palabra beruf como significación de todo oficio secular, confiriéndole un valor ético. En alemán moderno el término no ha perdido la connotación religiosa: berenfung, vocación, designación específica de Dios.

Lutero inviste al oficio de dignidad religiosa. La interpretación de un oficio secular como un deber ético es una revolución fundamental que permite definir la diferencia esencial entre la ética católica y la protestante. Lutero rechaza la vida monástica en cuanto considera que es un producto de desamor egoísta. Weber entiende que al abolir la distinción entre la vida monacal y la vida secular se abren las puertas al sacerdocio universal y a la obsolescencia de la iglesia como institución religiosa exclusiva, situada por encima de los hombres y sus obras.

Esta nueva ética intramundana se opone a la opción por la ética extramundana propia de la vida monacal cristiana.

Por su parte, el calvinismo juzga el valor del trabajo en función de su utilidad social, la cual no sólo depende de consideraciones éticas y de las necesidades de la colectividad, sino también de la eficacia económica y la rentabilidad. El efecto de esta actitud es doble:

·      Confiere una dimensión ética a reducir el consumo e incitar al ahorro.

·      El enriquecimiento personal es una contribución al bien común que, por lo tanto, se sustenta doblemente en un sentido ético.

El puritanismo forja al hombre moderno como un homo economicus. Sin embargo, el concepto de profesión en Lutero mantiene un carácter tradicionalista que Weber denomina “gramática de la obediencia”: el hombre tiene que allanarse (sich schicken) ante lo que la providencia le envía. El luteranismo posibilita la desaparición de los específicos deberes ascéticos (sometidos a los deberes a cumplir en el mundo) y la predicación de la obediencia de la autoridad, misma que implica conformarse con el destino asignado a cada uno en su vida. El luteranismo ha desplegado una ética del oficio, pero no ha desarrollado una ética del trabajo metódico, necesaria para la destrucción de las estructuras tradicionales y el florecimiento del capitalismo. Son los calvinistas quienes transforman sustancialmente la relación entre la vida religiosa y el obrar en el mundo.

Parte de tres presupuestos para explicar la importancia de la Reforma y del calvinismo en la racionalización-desencanto de las sociedades modernas.

·      Da gran importancia cultural en el tiempo de la Reforma al dogma de la predestinación.

·      Muestra que los contenidos dogmáticos de una religión afectan fuertemente la cultura de los fieles.

·      Establece una relación entre la doctrina de la predestinación y la conducta cotidiana.

En su sociología de las religiones subyace, conceptualmente, el esquema de los tres tipos de dominación:

·      Racional: Descansa en la creencia de la legalidad de las ordenaciones y de los que ejercen la autoridad con base en ellas.

·      Tradicional: Se apoya en la creencia cotidiana, la santidad de las tradiciones de los tiempos pasados y la legitimidad de los señalados para ejercer la autoridad.

·      Carismático: Resulta de la entrega extracotidiana a la santidad, heroísmo o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas.

Weber no deja de ver un conflicto entre la ética de la convicción y la irracionalidad del mundo. Se centra en Lutero porque quitó de los hombros del individuo la responsabilidad ética de la guerra para arrojarla sobre la autoridad, la cual se puede obedecer sin ser culpable del todo, salvo en cuestiones de fe.

De la misma forma que para Tocqueville la influencia de la religión es indirecta y poderosa, para Weber las doctrinas religiosas son imprescindibles para comprender comportamientos sociales. Así, el dogma de la predestinación del protestantismo tiene una gran significación e importancia cultural porque al suprimir toda mediación entre los hombres y Dios produce un “sentimiento de soledad inaudito”, encarnando la última etapa del proceso de desencantamiento del mundo e invadiendo a la sociedad moderna de un individualismo pesimista sin ilusión. Desde un punto de vista interpretativo tenemos que relacionar las reflexiones de Weber sobre el carisma con la idea de predestinación. El carisma posee connotaciones religiosas, pues concretamente esta ligado a la idea de gracia. Esta idea de gracia indica un cierto abandono, pues hace que la salvación dependa de la voluntad divina. Si la salvación es un don, el esfuerzo moral no tiene lugar en la teología de la gracia. El pensador alemán parte de la hipótesis de que lógicamente, la doctrina de la predestinación no puede engendrar una concepción fatalista, pues se cierra la ciudad de Dios para abrir la ciudad terrenal. A pesar de ello, al cerrar la ciudad de Dios, el mundo para los hombres está desencantado y la única salida momentánea son los relámpagos carismáticos que iluminan el sombrío panorama de este mundo.

Mitzman clarifica el componente nietzschiano en términos de compatibilidad con los presupuestos puritanos. Weber no deja de inscribirse en la tradición puritana, pero a la vez manifiesta una gran fascinación por las corrientes que tienen a Nietzsche, Tolstoi y Dostoievsky como mentores, sobre todo después de su consabida crisis psíquica. En un sentido “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” se puede leer como una arqueología del carisma. El carisma puritano representa el potencial transformador de un movimiento que, afirmando ideales del más allá, es capaz de revolucionar totalmente el más acá, enfrentándose con todos los órdenes institucionales e instaurando un nuevo orden del mundo. Está claro que tanto Lutero como Calvino combaten la posición católica en virtud de la cual la incertidumbre es constitutiva de la fe. Ellos erigen la seguridad en un principio fundador de su sistema dogmático y entienden la salvación, según la doctrina de Calvino, como absolutamente impenetrable para el razonamiento, las especulaciones impías o la curiosidad, y, por consiguiente, toda vez que los hombres están seguros de su destino divino deben esforzarse por asegurar su destino personal.

Las sociologías de las religiones de Weber y Durkheim son las dos contribuciones teóricas mas destacadas en las ciencias sociales actuales. Mientras Durkheim ha inspirado fundamentalmente a los antropólogos sociales, Weber ha abierto las dos vías principales de la investigación actual.

·      Investigando las características, doctrinas y significación social de las sectas religiosas.

·      Investigando la conexión entre las doctrinas religiosas y las clases sociales.

Sobre la segunda vía se ha constituido una sociografía de la religión cuyo objetivo es la descripción y medición de la práctica religiosa. Es en la clase obrera en la que se han hecho los hallazgos más interesantes, concluyendo que ha disminuido su asistencia a los oficios religiosos. La mayoría de las observaciones empíricas destaca además la progresiva secularización de la sociedad europea, mientras señala a Estados Unidos como una excepción. En la sociedad estadounidense las creencias religiosas y la asistencia a las prácticas rituales tienden a aumentar y la asistencia a las iglesias es muy alta; a la vez, las diferencias de clase no parecen influir mucho en la extensión de la práctica religiosa. En los países socialistas del este de Europa y en China, donde se han desalentado las creencias y prácticas rituales, el declive de la religión ha sido general. A pesar de este proceso, en algunos países, sobre todo Polonia y algunas zonas de Rusia, han resurgido con fuerza las prácticas religiosas. La India, después de la independencia, es un estado de múltiples religiones o seglar en que a pesar de los conflictos entre sus distintas religiones, se fortalece el secularismo al menos en la esfera política. Es en los estados islámicos donde se encuentra una evidente filiación de su identidad con la religión.

Este proceso de secularización de las sociedades modernas puede reinterpretarse con la teoría de Durkheim. Si entendemos, con Durkheim, que la religión no se define en términos de algo sobrenatural, sino de la distinción entre lo “sagrado” y lo “profano” de la vida social y los ritos vinculados a ella, podemos considerar fenómenos religiosos creencias y prácticas que no son las tradicionalmente descritas como religiosas -por ejemplo el nacionalismo, el socialismo y el marxismo-, las cuales florecen y perviven en nuestras sociedades actuales.

Respecto a la significación social de las sectas se tiene que destacar la proliferación de éstas en algunas sociedades modernas. Esta difusión de innumerables sectas refleja una cierta individualización de la fe religiosa, que junto con la secularización, puede considerarse una característica preponderante de la situación religiosa en las sociedades industriales modernas.

En las sociedades occidentales actuales, en términos generales y exceptuando Estados Unidos, se produce una progresiva separación entre la moralidad y la religión. La religión pasa a ser un asunto más individual y privado porque los estados no exigen a sus ciudadanos pertenecer a una determinada institución eclesiástica, pero, al mismo tiempo, la moralidad es cada vez más social al ocuparse más de la justicia social que de la virtud individual. Este proceso produce, sobre todo en las sociedades europeas, una mayor tolerancia a la diversidad en el comportamiento individual. En cierto sentido, en los conflictos políticos actuales subyacen desacuerdos predominantemente morales.