En esta ocasión te voy a hablar del ritmo de la mente. Porque debes saber que la mente tiene su ritmo, tiene su belleza melódica y tiene también sus desarmonías.
En esta ocasión te voy a hablar del ritmo de la mente. Porque debes saber que la mente tiene su ritmo, tiene su belleza melódica y tiene también sus desarmonías. En primer lugar, debes entender claramente cómo funciona la mente. Si te sientas solo durante diez minutos y escribes sinceramente en un papel todos los pensamientos que pasan por tu mente, no desearás enseñarle este papel ni siquiera a tu amigo más querido, porque verás que hay pensamientos tan dis¬paratados que ni tú ni nadie habría esperado algo así. Te darás cuenta de que hay pensamientos tan irrelevantes, inútiles y con¬tradictorios que creerás que te has vuelto loco. O sencillamente trata de estar medio minuto sin pensar en nada- ¿Verdad que te es difícil? Quizá no te hayas dado cuenta de que cuando una parte del cuerpo está enferma, toda tu atención se dirige hacia esa parte. Sólo eres consciente de la pierna cuando te duele; si no te duele, no eres consciente en absoluto. Si tienes una herida en la mano, te das cuenta de que existe; si no tienes ninguna herida, ni siquiera la notas. No hay duda de que, de una forma u otra, no te das cuenta de esa corriente de pensamientos a la que llamamos mente. Dicen los entendidos en la materia que una mente medianamente normal tiene de 50 000 a 60 000 pensamientos diarios. Pero la mayoría del tiempo tú no eres consciente de lo que está pasando en tu mente. Solo cuando quieres parar a esos caballos desbocados que son los pensamientos, solo cuando quieres dejar de pensar en tus miedos o en tus preocupaciones es que reflexionas sobre ello. Casi nunca contemplas a tu mente para ver qué es lo que está sucediendo ahí, o quizá no lo hagas porque ya sabes lo que está sucediendo. Probablemente, tengas miedo. Por eso la gente tiene miedo de estar sola y busca compañía durante las veinticuatro horas del día; quieren encontrarse con sus amigos, ir a algún lugar o cualquier otra cosa y si no encuentran a nadie, empezarán a leer el periódico o es¬cucharán la radio u observarán la televisión. Nadie quiere estar solo, porque en cuanto estás solo empiezas a descubrir tu verdadero estado. El estado de la mente del hombre es como un hormiguero lleno de hormigas ajetreadas: pensamientos y más pensamientos dando vuel¬tas y vueltas. Rodeado de estos pensamientos, el hombre vive lleno de ansiedad, tensión y preocupaciones. Para reconocer y conocer a la vida, la mente necesita estar en silencio, como un lago sin olas. Para familiarizarse con la vida, la mente tiene que estar tan limpia como un espejo sin polvo. Pero la mayoría de las veces la mente parece una colmena de abejas: no es un espejo ni un lago silencioso. Si crees que puedes ser capaz de saber algo con una mente así, si crees que serás capaz de llegar a algo o convertirte en algo, o encontrar tu paz interior con una mente así, te estás equivocando. Es absolutamente ne¬cesario que te liberes de este fluir constante de pensamientos y puedas aquietar la mente. Tener pensamientos y más pensamientos dando vueltas constantemente no es una señal de salud, es señal de una mente estresada. Cuando una mente está totalmente pura y limpia, cuando está sana, los pensamientos se lentilizan o desaparecen. Vives en un montón de pensamientos. Desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana; te vas a dormir y ahí están los pensamientos, estás comiendo o bañándote o caminando y ahí está esa multitud de pensamientos. A veces quieres parar ese torbellino, dejar de pensar, pero no puedes. Tu vida transcurre en un aluvión de pen-samientos. ¿Cómo te puedes librar de ese estado? Primero debes entender que si intentas desterrar los pensamientos, si intentas no pensar eso solo producirá el efecto contrario. Es como cuando quieres dormir y no puedes. Mientras más te esfuerzas menos lo consigues. Es un esfuerzo negativo. Los pensamientos no se pueden expulsar haciendo un esfuerzo para librarse de ellos, pero cuando la energía de la mente que habi-tualmente se destina a pensar empieza a fluir en otra dirección los pensamientos se debilitan automáticamente. Los pensamientos no tienen vida propia. Cuanta más aten¬ción le das a un pensamiento, más vivo se vuelve. Cuanto más le retiras la atención, más muerto está. Si les retiras totalmente la atención, los pensamientos se quedan sin vida, se mueren y des¬aparecen inmediatamente. Comprende que lo que tú resistes al final persiste, a lo que tú le opongas resistencia concluyentemente permanece. Por eso te voy a recomendar un ejercicio que puedes hacer ahora mismo mientras me estás leyendo. Este ejercicio te servirá para aquietar la mente, para hacer que los pensamientos se vuelvan más lentos y para que puedas alcanzar ese estado de serenidad donde nada se agita en tu interior y puedas estar contigo mismo en paz. (La profundización en estos ejercicios, la propuesta de otros muchos, al igual que un curso psicoterapéutico completo para el manejo de la ansiedad lo puedes encontrar en la sección “Sed de Vida” de la siguiente dirección electrónica: www.ataxiacubana.sld.cu) Prueba a cerrar los ojos y hacer lo siguiente por medio minuto: Como un animal que espera a que su víctima salga de la jaula; vigila, espera, estate atento al próximo pensamiento que va a acudir a la mente. ¿Verdad que no vino ningún pensamiento? Pues bien, cuando te sientas estresado y quieras serenar a la mente haz este ejercicio. Verás que con entrenamiento podrás estar cada vez más tiempo sin que los pensamientos acudan a la mente. Haz logrado la paz. En próximos artículos te seguiré brindando técnicas para que puedas comprender el ritmo y disciplinar a esa herramienta tan importante de nuestra vida que se llama: mente. Que la pases bien y que la paz sea contigo.