Este artículo, tiene como finalidad, resumir los valores y principios que sustentan una de las formas de gobierno; más difundidas en la actualidad. Sobre la misma, muchos pensadores han impregnado el pergamino con sus aforismos.
Harry Truman, al hacer referencia a la democracia como forma de gobierno, expresó: “Ningún gobierno es perfecto. Una de las principales virtudes de la democracia, sin embargo, es que sus defectos son siempre visibles y en los procesos democráticos pueden señalarse y corregirse”.

Encontraremos detractores de esta forma de gobierno; planteamientos radicales en su favor o no; por ejemplo, llama la atención lo expresado por Alexis Tocqueville, cuando dijo: “Soy profundamente demócrata, por esta razón no soy de ninguna manera socialista. La democracia y el socialismo no pueden ir juntos. No se puede tener las dos cosas”.

No profundizaré en el análisis de los pensamientos antes citados; pues el objetivo de este ensayo, es considerar de manera sucinta los principios y valores de la democracia.

En su significado original, democracia procede de dos palabras griegas que son: demos (pueblo) y cratos (poder o gobierno); en ese sentido, es una forma de gobierno, una manera de organizar el poder político, donde el pueblo no sólo es objeto de gobierno; sino que también, sujeto que gobierna.

Valores de la democracia

Tres son los valores básicos de la democracia moderna y de su principio constitutivo (la soberanía popular): la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Algunos autores suelen considerar a la igualdad, libertad, tolerancia como principios e incluyen el pluralismo. Por otra parte, soy del criterio, de que estos autores consideran principios, lo que son valores. No olvidar: “Sin tolerancia no hay fraternidad”.

Principios democráticos

Soberanía popular

El principio constitutivo democrático es “soberanía popular”; el único soberano es el pueblo (Artículo 83 Constitución de El Salvador 1983).

El concepto de soberanía en la contemporaneidad, tiene ciertas variantes, aclaro. Por ejemplo, el Derecho Comunitario o de Gentes, ha influido de manera radical, al punto que existen normas jurídicas que están por encima de las Constituciones de los Estados (en El Salvador eso no es posible, porque los Tratados están por encima de la legislación secundaria, pero no de la Constitución); ahora bien, eso no significa que se conviertan en colonias o que renuncien a la soberanía; sino que por el principio de Derecho Comunitario denominado: “libre determinación de los pueblos”, los gobiernos se someten a esas normas jurídicas en el concierto internacional de naciones, sea por motivos económicos (Tratados de Integración, Comercio) u otros, de naturaleza eminentemente jurídica (Tratados en área penal, laboral, familia, en fin). Si un día se concretara la unificación de Centroamérica, tendría que crearse una Constitución Federal; es en este caso, en que los preceptos constitucionales nacionales se subordinan a la soberanía del Estado Federal.

Ahora bien, la soberanía, implica poder centralizado con capacidad de mantener la paz y someter dentro de un territorio a todos los poderes incluyendo los ideológicos y económicos; entre los primeros iglesias, universidades, medios de comunicación; en fin; como ejemplo de los segundos, el financiero, empresarial, corporaciones, entre otros. El Estado político moderno, nace como una respuesta a lo antes dicho, con el objetivo de defender la unidad nacional frente a las amenazas internas y externas; por tanto, tiene que afirmar su poder como soberano; ello significa, superior políticamente al de cualquier otro, interno o externo. Dicho poder no puede ser arbitrario ni abusivo. Por lo anterior, el Estado se configuró como, un Estado de Derecho, encargado de promulgar leyes, hacerlas cumplir; en fin, siendo el principio de legalidad lo que rige el quehacer de gobernantes y gobernados. Así las cosas, la soberanía del Estado y del poder político, se transformó en la “soberanía de la legalidad”, pero además, se desarrolló el principio de la “división de poderes”, evitando con ello, la concentración y el abuso de poder.

De la mayoría y la defensa de los derechos de las minorías


El poder político se encarga de gobernar; entendido esto, como tomar decisiones que de una u otra forma, nos interesan a todos los integrantes de la sociedad, bueno, con esas decisiones nos vemos beneficiados o perjudicados. Las decisiones que se tomen tienen que ser unificadas; lo que no siempre es posible. Entonces no hay consenso; sin embargo, la decisión hay que tomarla. Ante esa situación, existen en las sociedades democráticas procedimientos y uno de ellos se basa en el “principio de la mayoría”. Este postula: “en ausencia de unanimidad, el criterio que debe guiar la adopción de políticas y decisiones es el de la mayoría de participantes”. Las decisiones se toman entonces por mayoría. Ahora bien, la regla de la mayoría exige el reconocimiento de la necesidad y legitimidad de la existencia de las minorías; por consiguiente, el respeto a sus derechos. De ello, se concluye que los procedimientos democráticos son incompatibles con una dictadura de la mayoría. No existen mayorías sin minorías; y éstas últimas, le dan legitimidad al gobierno, sin éstas, deja de tener sentido democrático.

La regla en estudio, implica que las minorías también deben ser tomadas en cuenta, porque son un elemento esencial de la voluntad popular; tienen derecho de influir en las decisiones públicas, pero también, controlarlas. Así las cosas, el gobierno de la mayoría, adquieren legitimidad democrática estricta; sólo cuando reconoce e incluye los derechos y la participación de las minorías. Los gobiernos democráticos, no solamente se deben sustentar en votaciones; sino también, en negociaciones, compromisos y toma decisiones políticas concertadas. En suma, es el respeto al pluralismo ideológico.

Representación política democrática

En el momento actual, la participación total de la población en la toma de decisiones, discusiones; elaboración de políticas y planes de gobierno, implica una enorme complejidad. Se pone en práctica en los municipios, donde los gobiernos locales, elaboran incluso “Planes participativos”. Sin embargo, a nivel nacional se hace imposible. En ese sentido, los gobiernos toman decisiones sin la participación permanente de la ciudadanía en su totalidad; a veces, se toman en cuenta a ciertos sectores o grupos específicos de consulta, antes de tomar decisiones; pero lo que no podemos negar, es que es imposible congregar a todo el pueblo, para pedirle su opinión ante cada decisión que haya que tomarse; se vuelve intolerable, es más el pueblo tendría que dedicarse a tiempo completo al gobierno.

Lo anterior, implica que modernamente, la democracia sólo puede ser representativa. Se basa en el principio denominado de la “representación política”. El pueblo elige a sus gobernantes, a través de elecciones; luego éstos, toman las decisiones. Ahora bien, cierto tipo de decisiones, pueden ser consultadas al pueblo; por ejemplo un plebiscito (se utiliza en aquellos países que ponen en práctica la democracia semidirecta); votación general, mediante la cual, se conoce la opinión directa de la ciudadanía. Por supuesto, no hay que olvidar las implicaciones de una y otra índole (costo económico para el pueblo). La Constitución de la República de El Salvador, considera que “el proyecto y bases de la unión centroamericana se someterán a consulta popular” (Artículo 89 Inc. 2º y 3º Constitución de 1983 El Salvador).

La democracia actualmente, es en un primer momento un conjunto de procedimientos encaminados a viabilizar su principio fundamental; la soberanía popular o gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; en segundo lugar, representativa; debe expresar la voluntad de los ciudadanos y tercero, su existencia se determina en base a criterios formales establecidos en la Constitución y en los no formales; me refiero a realidades socio – políticas (doctrina económica y social). El Salvador, adopta desde el año de 1939, el “liberalismo económico”, entendido como la libre iniciativa individual o libre empresa. En la actualidad la democracia atraviesa por algunos retos y desafíos; que debe superar. El referente práctico de la historia de la humanidad, indica que la democracia es la forma de gobierno, menos nociva para los intereses de los pueblos del mundo.
Lic. Jaime Noé Villalta Umaña
Prof. y Abg.