Todo fumador sabe que solo no puede dejárselo, por más voluntad que tenga. Dejar de fumar con ayuda es la única salida, sea con acompañamiento mediante fármacos, tratamientos puntuales, o a través del apoyo de familiares o personas que hayan tenido vivencias similares. Abandonar cualquier hábito, por perjudicial que sea, implica un fuerte desafío.

Existen en todo el mundo grupos de ayuda mutua para personas que sufren problemáticas de lo más diversas y comunes, como dejar de fumar, entre otras. Funcionan con un coordinador y miembros que tienen el mismo problema, pero con diferentes historias de vida. El objetivo es que el fumador sepa que no está solo en ese proceso, que hay una gran cantidad de personas que pasan y pasaron por idénticas situaciones. No proporcionan ayuda para dejar de fumar, sino acompañamiento, experiencia, apoyo y herramientas para facilitar los periodos de abstinencia.

Se puede participar en un grupo de autoayuda como complemento de otros métodos para dejar de fumar, pero como sucede en otros ámbitos, si no hay voluntad para hacerlo no servirá, e incluso existe el riesgo de perjudicar a los compañeros.

No se trata de un grupo de amigos con las mismas dolencias, sino de un encuentro terapéutico en el cual se desarrollan diversas actividades catárticas. El objetivo del terapeuta que lo coordina es funcionar como un catalizador del cambio, pero trabajará en función de que cada miembro pueda ser útil al otro.

Para atravesar procesos tan dificultosos y hasta traumáticos como dejar de fumar no existe autosuficiencia. Abandonar un hábito cotidiano implica un cambio de vida completo, ya que en general para los fumadores el tabaco es parte importante de su existencia, de sus actividades e incluso de sus vínculos. Un grupo de ayuda mutua puede ser el mejor canal para liberarse de este mal hábito si se cuenta con el acompañamiento adecuado.

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