El señor Mauricio Funes, presidente de la República de El Salvador (2009 – 2014), prometió en su discurso de toma de posesión el día 1 de junio de 2009, imponer la ley y el orden en “este submundo de anti-ley, en este submundo inhumano”.
Lo expuesto en el discurso hace referencia a la anarquía, entendida como la incapacidad del Estado de hacer uso de su poder coercitivo para mantener el orden público; dando a entender, que los gobiernos que le precedieron fueron incapaces de hacer cumplir la ley; por tanto, llamó a nuestro país “el submundo anti ley”.

Parafraseando sus palabras, dijo “no podemos dejar que grupos de la sociedad, especialmente los más pobres, sean rehenes de las pandillas y bandas integradas de menores. Además, enfatizó que las maras y pandillas no pueden continuar actuando y creciendo de manera impune”.

Su gobierno, impulsó una campaña publicitaria con el estribillo que ha sido frecuentemente utilizado por el actual presidente. ¡Quién dijo miedo!

¿Qué sucedió a un año de su gobierno?

En un hecho, sin precedentes, un bus fue incendiado con los pasajeros en su interior. Once personas murieron y trece más resultaron lesionadas, entre las que se contabilizaron tres niños. El pueblo salvadoreño, niños, jóvenes, adultos; padres y madres de familia, viven en constante zozobra.

Lo anterior hace surgir algunas interrogantes, a las que juntos buscaremos respuesta.
¿Ha disminuido la delincuencia? ¿Quién viola los derechos humanos? ¿Es la represión estatal la solución para disminuir los índices delincuenciales? ¿Qué hace el Estado? ¿Cuál es su función?

El Estado por mandato constitucional está en la obligación de garantizar la seguridad de los habitantes de la república; sin embargo, los índices delincuenciales no disminuyen.

La humanidad ha intentado por mucho tiempo sentar las bases de una convivencia pacífica, muestra de ello es que después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, se inició un nuevo proceso de pacificación, naciendo las Organización de las Naciones Unidas y lo más notable, en el año de 1948, se promulga la Declaración Universal de Derechos Humanos, instrumento jurídico de concepción democrática. De esa fecha en adelante se han armonizado las leyes de cada país.

El inicio de la Guerra Fría trajo consigo la violación de los Derechos Fundamentales del hombre, como la vida, libertad, seguridad, en fin. Los países se vieron envueltos en guerras civiles, conculcando los derechos antes señalados, sobre todo porque en nombre de la justicia social, se manipuló a las masas, a quiénes reprimieron e incluso masacraron. En el año de 1989, con la caída del Muro de Berlín, se puso fin a más de cuarenta años de lucha entre las potencias económicas, capitalismo y socialismo. El desgaste provocado por la confrontación ideológica indicada creó una devastación económica, política y social. El tejido social convulsionado por la guerra, la pobreza, migración, desintegración familiar, entre otros, han llevado a nuestro país a ubicarse en uno de los más violentos de América.

Los mara

Fenómeno social de las últimas décadas del siglo XX. Resulta que a finales de la década de 1960, se creó en los Ángeles California, Estados Unidos de Norteamérica la pandilla denominada “WONDER 13”, liderada por un inmigrante salvadoreño, conocido por el pseudónimo de “el flaco Stoner”. Como se dijo en el párrafo precedente, las maras y pandillas son producto de un conjunto de variables, como por ejemplo, la guerra civil, el desempleo, la migración, la desintegración familiar; la falta de satisfacción de las necesidades emocionales; en fin. Si bien es cierto, no se trata en este momento de hablar a profundidad de las causas que les originan, es importante destacar algunas de ellas, por cuanto, nos permitirán tener una visión clara de la realidad. No olvidemos que somos un producto social, y que nos guste o no, los jóvenes sufren en mayor grado los problemas heredados, sobre todo cuando construyen su identidad. A fin de frenar la esta situación, se promulgó una nueva ley; cuyo objetivo fundamental es proscribir las maras y pandillas juveniles.

Delincuencia y Derechos Humanos


¿Violan los derechos humanos las personas que delinquen? Sí, esa es la primera pregunta formulada. ¿Para qué nació la Procuraduría de la Defensa de los Derechos Humanos? En el año de 1992, se firman los Acuerdos de Paz, para lograrlo se realizaron de manera previa reformas constitucionales. Como resultado de lo anterior, nace la institución en comento. ¿Cuál es su función? La misma que tuvo en sus orígenes históricos, defender al pueblo de los abusos de poder cometidos por los funcionarios de gobierno (Siglo XVIII, Suecia). El caso es que se trata de analizar en este artículo, si las personas que delinquen violentan los derechos humanos de la tercera generación. Sabemos que entre ellos se encuentran el derecho a la paz, autodeterminación, democracia, medio ambiente sano, entre otros.

Haciendo alusión al problema delincuencial podemos aseverar que actualmente existe una clara violación a los derechos antes dichos, sobre todo, LA PAZ. Sin embargo, la tesis que sustenta la creación de los derechos humanos, sostiene que hay violación de los mismos, cuando ésta proviene del Estado en uso de su poder penal; por ello, en la década de los años noventa se realizó un reforma penal, en la que se introdujo un conjunto de garantías constitucionales para todos los que en un momento determinado se encontraran fuera de la ley; y evitar así la represión estatal.

Es obligación del Estado respetar y proteger los derechos humanos. ¿Cómo? A través del Ministerio Público. En El Salvador está formado por tres instituciones (Artículo 191 Constitución). Si alguien lesiona físicamente a una persona, no acudimos a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, sino que a la Fiscalía General de la República. A la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos se acude, cuando el Estado en uso de su poder reprime de manera arbitraria. Repitiendo para énfasis, su función es defender al pueblo de los abusos de poder cometidos por los funcionarios de gobierno.

Nuestra Constitución en su considerando establece que los diputados la promulgaron animados del ferviente deseo de establecer las bases de una convivencia nacional, por supuesto pacífica y además en sus primeros artículos establece claramente la obligación que tiene el Estado de brindar seguridad en todos los sentidos que esta abarca, como seguridad pública, jurídica y social.

La ineficacia del Estado para controlar la delincuencia le hace incurrir en violación a los Derechos Humanos. Cuando el ente estatal deja de hacer u omite, está violentando los derechos consagrados en favor de las personas humanas. El Estado debe evitar por sobre todas las cosas usar su poder, para reprimir, sobre todo a la juventud, que nos guste o no, su comportamiento es un producto social y cultural, del que no necesariamente son los responsables directos. La falta de empleo, los bajos salarios, las limosnas estatales, en fin, están deteriorando cada día más el tejido social. Lo más grave, en estos momentos que vive el país, es que las instituciones que otrora se pronunciaban a favor del respeto a los derechos humanos; hoy guardan silencio. Existe una complicidad estatal, para reprimir. ¿Dónde está el Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos?

¿Qué pasa con la Ley Antipandillas? Los adolescentes especialmente, toman como modelo artistas de la televisión, formas de vestir, peinados, en fin. Grave será, que se les acose y reprima tomando como base estos últimos comentarios. ¿Es eso lo que queremos para los jóvenes?

La pregunta que surge en este momento es, ¿Terminó la pesadilla del pueblo salvadoreño con la firma de los Acuerdos de Paz? ¿Terminó el flagelo a los derechos humanos? La pesadilla continúa en la noche más larga que vive el pueblo cuscatleco, que anhelaba vivir en paz; transitar libremente por las calles, disfrutar del paisaje, compartir en familia; sin embargo, la realidad muestra lo contrario. El derecho a vivir en paz y en un ambiente sano, es nada más un ideal, un espejismo. Hoy, se torna peor, porque no sólo se tendrá que soportar la violencia existente; sino que incluso, tendremos que aguantar la violencia del Estado. La respuesta del gobierno ante el desempleo, la falta de oportunidades, la miseria, entre otros muchos, es la represión punitiva estatal. Muy bien dice un conocido dicho popular español: “la violencia sólo engendra violencia”. Martin Luther King, expresó: “la violencia crea más problemas sociales que los que resuelve”.

¿Se le olvidó al actual presidente (Sr. Mauricio Funes) como criticó a los gobiernos que le precedieron? Siempre dijo que la falta de oportunidades, los bajos salarios, son caldo de cultivo de la delincuencia. Hoy, utiliza el poder conferido por el pueblo, para institucionalizar la violencia (“Nuestra democracia se encuentra acechada por las fuerzas oscuras del narcotráfico y el crimen organizado. Por las acciones de la delincuencia. Por la situación de apremio económico que sufren miles de familias”. Palabras textuales pronunciadas en el discurso de toma de posesión por el actual presidente de El Salvador). Cuánta razón tenía Isaac Asimov, cuando dijo: “La violencia es el último recurso del incompetente”.

En suma, la delincuencia común, el crimen organizado y otros, son una clara violación por omisión de los derechos humanos por parte del Estado, quien de conformidad con lo preceptuado en el artículo 1 de la Constitución tiene la obligación de asegurar a los habitantes de la República, el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social.

La principal riqueza de El Salvador es su “capital humano” (Discurso de toma de posesión del actual presidente de la república). ¿Dónde está la fábrica de empleos que prometió el Sr. Mauricio Funes? ¿Pero qué puede esperarse de un pueblo desempleado o subempleado? ¿Qué sucede cuando un trabajador no puede satisfacer las necesidades básicas de su familia? ¿Qué pasa con los salarios bajos? ¿Dónde está el combustible barato? ¿Qué pasó con su ALBA PETRÓLEO? ¿Hasta cuándo tendrá el sufrido pueblo salvadoreño, que esperar para que se cumpla su ideal de paz?


Finalmente, los problemas sociales no son de fácil solución; sin embargo, con represión, no se elimina el hambre; sino que se institucionaliza la violencia; por tanto, es tiempo que el presidente de El Salvador (Sr. Mauricio Funes) deje su verborrea política y sus actitudes de gran señor y cumpla con sus promesas de gobierno; pues está llevando a nuestro país a la anarquía e inhumanidad.
Por Lic. Jaime Noé Villalta Umaña
Prof. y Abg.