Los pensadores, los filósofos, los que de la vida hablan con profundo misterio; aquellos que no hallaron respuesta; los que siempre preguntan y nunca responden... esos son los que me inspiran.
Los días pasan y muchas veces, no nos damos cuenta de que estamos vivos; de que brilla el Sol, y si acaso reparamos en su luz y calor, sólo es para imprecar; se nos olvida que de su energía depende la vida.
 
Constantemente nutrimos nuestros sentidos de las impresiones de la realidad; inhalamos el oxígeno, sin darnos cuenta; comemos, pero no saboreamos. Son tantas las funciones que nuestros órganos vitales llevan a cabo, día a día; pero jamás reparamos en ellas.
 
Vagamos sin ver el color de las flores, sin sentir el perfume de las rosas, sin escuchar el canto del pajarillo. Así es todos los días, del amanecer al anochecer. Las múltiples gotas que forman el agua que bebemos; el rocío sobre los bellos pétalos de la rosa; ¿qué importancia tienen?
 
¿Por qué contemplar en las noches de verano el infinito cielo lleno de estrellas o las hermosas lunas llenas? Te perderías tu programa favorito de televisión o la trama de tu novela preferida; ¿verdad?

¿Alguna vez has escuchado la agradable sinfonía que produce el agua de los arroyos que se desliza en busca de su destino final? Pero, ¿cómo? ¡Imposible! Sin embargo, se disfruta de los ritmos estridentes y sin sentido de la música del momento.

¿Por qué perder el tiempo, sintiendo la brisa que golpea suavemente nuestra piel; qué acaricia delicadamente las hojas de los árboles; que juega con el cabello suelto de la doncella que te conquistó por su esbelto cuerpo?
 
¿Qué significado tiene el beso casto del bebé, su sonrisa y sus brazos extendidos?
Es más significativo saber qué equipo europeo ganó el partido de fútbol, que darle un beso a mamá, a papá, al hijo o al hermano.

Las cosas que le dan a la vida el verdadero sentido, no tienen importancia; es más importante pagar las cuentas del teléfono, del agua, de la luz, del carro, del traje nuevo; en fin, estamos absortos en los tejemanejes del consumismo.
 
Se hace del diario vivir una rutina, nos esforzamos tanto por construir y acumular; pero al final, siempre terminamos con las manos vacías. Trabajamos tanto, por ser especiales, pero la vida se va, y así como venimos al mundo, nos despedimos de él; ricos y pobres; eruditos e ignorantes. Nadie goza de posición privilegiada ante la ineludible ley de la causalidad.
 
Hacemos de la vida un frenesí; gritamos en silencio y ahogamos en nuestra garganta los sentimientos y emociones. Tenemos miedo a ser descubiertos e hilamos una máscara para impresionar a los demás.
 
Una especie de venda cubre nuestros ojos. Estamos aturdidos; y si no tenemos tiempo para apreciar las bellezas de la vida, mucho menos nos preocuparemos por los pies descalzos del huérfano, el hambre del indigente; el frío del que no tiene albergue; o el lamento del enfermo que agoniza.
 
No dejes que la vida se te vaya de las manos; has algo útil por ti mismo y por los demás. Eres un ser especial y no necesitas demostrárselo a nadie, simplemente, vive. Disfruta de tus sentidos.
 
Repara en aquellos que no han visto y no verán jamás el azul del cielo, que no disfrutarán de contemplar los bellos trajes que adornan al pavo real; en los que tienen tapados sus oídos, y nunca escucharán el bramido de las olas del mar o el canto de las aves; o el de aquél que vive en silencio y no podrá evocar melodía alguna.
 
No secuestres tu ser, se tú mismo; permite que los demás vean el ser que eres. No vaya a suceder que de tanto ocultarte entre máscaras y apariencias engañosas, te sepultes vivo, privándote del privilegio de ser, sólo por el temor de ser el ser que eres.


Piensa que estás aquí, por un propósito; cumple tu misión. Cántale y sonríele a la vida, que es una eufonía solemnemente organizada. Con tu luz, disipa las tinieblas del oscurantismo. Sé diáfano; jamás finjas el amor, porque no hay peor forma de hipocresía. Rompe las cadenas que te atan; libérate y se feliz.

Por Lic. Jaime Noé Villalta Umaña
Prof. y Abg.