El desarrollo emocional de los niños es más completo cuando están el padre y la madre. Asimismo, las relaciones que mantengan los padres entre sí son importantes para los hijos, pues le enseñan al niño que las personas tienen que aprender a compartir, tolerar y respetar entre otros valores.

Por: Miriam Loren

El desarrollo emocional de los niños es más completo cuando están el padre y la madre. Asimismo, las relaciones que mantengan los padres entre sí son importantes para los hijos, pues le enseñan al niño que las personas tienen que aprender a compartir, tolerar y respetar entre otros valores.

Quien ha tenido hijos sabe acerca de la rivalidad que suele surgir entre éstos y uno de los miembros de la pareja, sobre todo cuando son bebés; pero los padres necesitan trabajar juntos para mostrar, a una sola voz, que son una pareja, un equipo y que ese lazo es de gran importancia para ellos y para la estabilidad de la familia.

Los niños tienen que sentir que el lazo afectivo y de buena relación que une a sus padres es una importante alianza que fundamenta la relación familiar. Asimismo, los padres deben comprender que gracias al mantenimiento de ese lazo el niño podrá sentirse feliz y llevar una vida estable.

Así, una relación triangular, además de ofrecer una mayor serie de posibilidades al niño, le ofrecerá una mejor oportunidad de aprender el valor de la diversidad y el niño tendrá lo mejor de cada progenitor. Si un niño tiene como progenitor a un solo miembro de la pareja, se verá limitado a lo que este pueda ofrecerle. De esta manera, el niño se enriquece con la aportación de los dos.

Sin embargo, habrá momentos en que las capacidades y habilidades emocionales de uno de los padres serán más adecuadas que las del otro, por lo que se debe tener cuidado, ya que puede ser objeto de abuso cuando el pequeño descubre que si hace las cosas de una determinada forma, enfrentará a la madre con el padre y así manipulará la situación según le convenga. Más de una pareja de padres no se dan cuenta de que su hijo está desarrollando este sutil juego delante de ellos mismos y sólo se dan cuenta cuando se lo dicen desde fuera.

Las confrontaciones surgidas entre los padres van acompañadas por noches difíciles, berrinches del niño, desacuerdos a la hora de educarlo, intromisión de parientes cercanos, problemas agudos en la relación de pareja, en fin, dificultades en el hogar. Es en ese punto donde se logra vislumbrar que las asperezas que antes se limaron con éxito, ahora son de otra magnitud.

Sin embargo, apoyarse en los amigos de la pareja también puede ser de gran valor, pues mientras el niño disponga de más de un adulto a quien tomar como referencia y con el que relacionarse, las cosas pueden salir muy bien y resultar muy gratificante y enriquecedor, tanto en el desarrollo emocional del niño o niña como en su forma de relacionarse.

Para fortalecer el lazo entre los padres y enriquecer el trabajo en equipo es muy sano establecer un reparto de los roles padre/madre:
  1. Hay que definir las tareas y funciones, pero, sobre todo respetarlas y seguirlas.
     
  2. Hay que llegar a un acuerdo justo a la hora de distribuir las tareas, siempre negociando.
     
  3. Las tareas pueden ser asignadas a una persona o compartidas por la pareja (a veces conviene precisar cómo se compartirán o qué tiempo dedicará cada uno).
     
  4. Los cambios en la situación familiar (paternidad, acceso de la mujer al trabajo, etc.) harán necesaria una redefinición de roles (distribuir y negociar las tareas).
     
  5. Debemos ser conscientes de nuestro papel y desempeñarlo responsablemente.
Mientras más fortaleza, cariño y acuerdos vea el niño en la relación de sus padres, tendrá menos puntos de vulnerabilidad para utilizar criterios a su conveniencia. De esta suerte se educará a un niño mentalmente sano y estable, con vistas a adaptarse emotiva y socialmente y estará dispuesto a conformar una familia funcional.