Los procesos migratorios, generan un efecto adverso tanto en los países de llegada como en los de origen, para todas las personas; sin embargo, resultan más afectados los adolescentes.
Lo anterior lo ratifica un estudio realizado en España, del que se desprende la siguiente cita: “La llegada a nuestro país de personas con escasos recursos económicos y, aparentemente, algunas diferencias culturales destacables, tienen aspectos, componentes diferenciales a tener en cuenta, derivados de la edad, de la etapa vital en la que se sitúan. De una manera especial por sus tensiones y contradicciones, ocurre eso con los chicos y chicas adolescentes” (Jaume Funes. Profesor de Psicología Social de la Universidad Ramo Llull).

Si vemos el problema desde el punto de vista de los migrantes preadolescentes y adolescentes, tenemos que considerar su situación con el idioma, lo que les imposibilita poder comunicarse; por otro lado su escasa escolaridad.

Estudios realizados indican que los adolescentes inmigrantes tienen contradicciones en la familia y la escuela; ello debido a que viven tensiones muy fuertes, provocadas por la desculturización y la crisis en la construcción de su identidad.

El estudio indicado anteriormente estableció además que estas contradicciones también se generan entre la cultura familiar de origen y las formas culturales de los adolescentes en la actualidad. La verdad, si los adolescentes tienen problemas con su familia aún en sus países de origen, podemos imaginarnos las grandes repercusiones que implica para un joven vivir en un país donde la cultura es totalmente diferente a la suya.

Existe también un serio problema a la hora de construir la identidad laboral, pues la poca preparación y la edad juegan un papel determinante al momento de insertarse en el mercado ocupacional. Esto genera consecuencias desastrosas, pues se encuentran entre un dilema riesgoso y perturbador que les pueden llevar a embarazos no deseados o dedicarse a actividades delincuenciales.

Lo antes dicho lo ratifica el estudio realizado demostró que los adolescentes tienen conductas disociales; pues existe la presión de grupo que le es propia a los adolescentes; y además se asocian con jóvenes – socialización entre iguales – en los países receptores, pero que tienen dificultades de socializar en la comunidad, bueno eso les lleva al consumo de drogas u otras actividades que están fuera de la normativa legal.

Un proceso migratorio es en sí, una crisis; y genera en los adolescentes la obligación de adaptarse a jóvenes que son de su misma edad, pero que diferentes por muchas razones que resultan obvias, el idioma, costumbres, creencias, intereses, necesidades, problemas; en fin, situaciones que no fueron previstas en sus países de origen o por sus familiares. Como muy bien señaló el estudio realizado por el profesor Jaume Funes, con las siguientes palabras: “No sólo aterrizan en un entorno desconocido y con escasas herramientas para un arraigo rápido, también han de descubrir y asumir formas de ser extrañas, hasta ahora, en su entorno”. Sigue diciendo: “Globalmente, los chicos y chicas púberes afectados por procesos migratorios se ven sometidos a múltiples tensiones. Por un lado han de encontrar sentido a sí mismos en esa situación de adolescencia sobrevenida, impuesta. Por otro, han de resolver los conflictos de fidelidad entre lo que les rodeaba hasta ahora y lo que han descubierto, entre el mundo de sus mayores y el mundo moderno, entre lo que les gustaría ser y lo que les parece que están obligados a ser, entre lo que habían soñado encontrar y lo que realmente tienen a su alcance”.

En realidad los procesos migratorios entrañan un grave conflicto en el desarrollo de la personalidad y por supuesto en la construcción de la identidad personal y social. Asumo tal aseveración, porque en mi infancia viví una dura experiencia de migración interna de la ciudad a el campo, el proceso fue traumático, diría no se generó la adaptación, los intereses eran totalmente diferentes; bueno, y luego vivo la experiencia de migrar del campo a la ciudad, generándose nuevamente un situación de conflicto emocional; ello debido a la dificultad de integración, que por supuesto provoca un alto grado de inseguridad, ansiedad, inquietud; que se traduce en angustia. A lo anterior, se añade el acoso (bullying) o discriminación de los compañeros por vivir en una u otra región (urbana o rural). Si esta experiencia es vivida de un país a otro, definitivamente que causa severos daños en la construcción de la identidad.

Ahora bien, es necesario considerar lo que sucede con los adolescentes que son abandonados por sus padres, pues éstos, por las razones que son de sobra de conocidas tienen que migrar en busca de mejores oportunidades, sacrificando para ello, la familia, que es el agente socializante sine qua non, quedando estos jóvenes a la deriva, pues, si estando al lado de sus padres, tienen problemas en la construcción de su identidad, ahora deberán buscar el apoyo en grupos de iguales exponiéndose a la adquisición de hábitos, costumbres y conductas perjudiciales, totalmente alejados de los principios y valores universalmente válidos.

De manera que desde cualquier perspectiva, la migración causará graves conflictos en la formación de la identidad de los adolescentes. Inseguridad, bajo concepto, timidez, son algunos de los problemas que se derivan.
Lic. Jaime Noé Villalta Umaña
Prof. y Abg.