Se analiza el proceso de secularización en las sociedades modernas. Para Weber y Tocqueville las ideas religiosas determinan tanto las relaciones sociales como las económicas @font-face { font-family: "MS 明朝"; }@font-face { font-family: "Cambria Math"; }@font-face { font-family: "Cambria"; }p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 10pt; font-family: "Times New Roman"; }p.MsoBodyText, li.MsoBodyText, div.MsoBodyText { margin: 5pt 0cm; line-height: 150%; font-size: 14pt; font-family: "Times New Roman"; }p.MsoBodyText3, li.MsoBodyText3, div.MsoBodyText3 { margin: 5pt 0cm; text-align: justify; line-height: 150%; font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; }span.TextodecuerpoCar { font-family: "Times New Roman"; }span.Textodecuerpo3Car { font-family: "Times New Roman"; }.MsoChpDefault { font-size: 10pt; font-family: Cambria; }div.WordSection1 { page: WordSection1; }

Comte, fundador de la ciencia sociológica, considera que el pensamiento teológico es un error que desaparece con el surgimiento de la ciencia moderna, aunque propone una religión de la humanidad porque reconoce la necesidad universal de los sentimientos que proporcionan las religiones. Para Marx la religión es una ilusión que surge a causa del temor y la ansiedad provocados por los fenómenos naturales y, finalmente, piensa que como tal está destinada a desaparecer. Durkheim subraya los aspectos colectivos de la religión porque es entidad universal y vital en todas las sociedades humanas.

Tocqueville, apartándose de las teorías evolucionistas, positivistas y psicologistas de aquellos, estudia el fenómeno religioso considerando que el hombre, por su propia naturaleza, necesita tener una idea estable de su trascendencia. Su maniobra más audaz es diferenciar el ámbito social del religioso, con lo cual la religión no tiene que ser aniquilada ni superada. Weber, por su parte, se ocupa fundamentalmente de las conexiones de la ética religiosa con el orden económico sin adoptar modelos evolucionistas. Para ello, examina dos puntos de vista; la influencia de determinadas doctrinas religiosas sobre la conducta económica y la relación entre la posición de los grupos en el sistema económico con los tipos de creencia religiosa prevalecientes. En su sociología de las religiones examina las doctrinas religiosas de grupos sociales particulares y las consecuencias sociales, especialmente económicas, de las diversas actitudes ante la vida derivadas de sus sistemas religiosos.

Sí para Tocqueville las creencias religiosas proporcionan la estabilidad social necesaria en una sociedad liberal, Weber atiende a la capacidad de estás de transformar las estructuras económicas, políticas y sociales. Weber estudia las religiones de la salvación porque en ellas encuentra el modo de entender los cambios de actitudes que conducen a la sociedad moderna. Su sociología de las religiones explica que las religiones nacen para responder a la irracionalidad ética del mundo y pretende analizar exhaustivamente las religiones más relevantes para mostrar la singularidad de occidente, que ha producido un derecho, una economía y un arte racionales. Empíricamente se centra en las sectas porque portan una ética transformadora, principalmente en el ascetismo puritano, que constituye un punto de inflexión fundamental para comprender las transformaciones de sociedades modernas. El puritanismo despliega una ética del oficio y el calvinismo desarrolla una ética del trabajo metódico, ambas necesarias para la destrucción de las estructuras tradicionales y el florecimiento del capitalismo. En opinión de Weber la Reforma constituye una nueva ética intramundana, misma que, a su vez, configura una sociedad racional y desencantada.

Tanto Tocqueville como Weber pretenden descubrir cómo las creencias religiosas confieren significado a las sociedades modernas. Así, el proceso de secularización no define a las sociedad modernas porque las creencias religiosas cohesionan la sociedad (para Tocqueville) y determinan nuestra actividad económica (para Weber). Ambos analizan cómo las creencias religiosas prefiguran una determinada conciencia colectiva e individual. En el trasfondo asumen que el proceso de secularización de las sociedades modernas no implica que las ideas religiosas de nuestra tradición se evaporen. Piensan que perduran y definen tanto el espíritu social como el económico de las sociedades actuales. Son las autoridades religiosas que han perdido el papel protagónico que jugaban en el pasado, pero no podemos dejar de comprender que nuestra forma de pensar y de vivir se asienta en la tradición religiosa en la que hemos sido educados.