Si queremos asegurar la convivencia pacífica, debemos practicar la tolerancia en nuestras relaciones humanas; sean estas familiares, laborales, religiosas, políticas o sociales.

¿Qué es tolerancia? ¿Qué relación existe entre libertad, autoridad, permisividad y tolerancia? ¿Existen valores universales que permitan establecer límites entre lo tolerable e intolerable? ¿O, se pueden dejar al arbitrio de una opinión personal o grupo social? ¿Es relativo el bien y el mal? ¿Se debe imponer la verdad?

Son muchas las interrogantes que se pueden plantear en torno a la temática; sin embargo, a manera de ilustración para una comprensión del vocablo traigo a colación el uso de dos expresiones populares tanto en adolescentes y adultos; ellas son:

—Yo hago lo que me da la gana.
—Eso debería estar prohibido.

Dichas expresiones indican la noble aspiración de libertad y el reclamo del uso que de ella hacen otras personas; pero a la vez, la idea de lo tolerable; ¿verdad?

Etimológicamente hablando la palabra tolerancia se deriva del vocablo latín “tolerare” que significa soportar, sufrir, sostener, llevar. El Diccionario de La Real Academia le define de dos formas:

a) En un sentido amplio: como el respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás; aunque sean diferentes a las nuestras.

b) En un sentido específico: permitir algo ilícito, pero sin aprobarlo de manera expresa. En otras palabras permitir un mal.

Vivimos en una sociedad laxista. El laxismo es un estado moral o actitud práctica que suaviza demasiado lo que ordenan leyes o normas; asimismo se le define como la hiperconstricción legal, lo que la permisividad es al autoritarismo (ambas indeseables).

En la búsqueda de los elementos del concepto me remito a lo expresado, hace siglos por un escritor de la Biblia, cuando dijo: “Si errores fuese lo que tú vigilas, oh Jah; Oh Jehová, ¿quién podría estar de pie?” Salmo 130:3

Si partimos de lo expresado, por el salmista concluimos, diciendo que lo que vamos a tolerar son los “errores humanos”, que le pertenecen a su naturaleza; es decir, todos queremos hacer lo correcto, lo bueno, loable; en fin, pero nos equivocamos.

Por otra parte, la tolerancia es una disposición para admitir en los demás, ciertos comportamientos o manera de ser, que es distinta a la nuestra; dicho sencillamente, la tolerancia es “aceptación del legítimo pluralismo”. Todos somos diferentes; las diferencias individuales son parte de la diversidad universal existente.

Entender y comprender que todos actuamos de singulares formas, es fundamental; pero más aún, estar dispuestos a aceptar esas diferencias. Evitando por supuesto, enjuiciar por ellas a nuestros congéneres.

Norberto Bobbio, considera a la tolerancia como “firmeza de principios que se oponen a la indebida exclusión de lo diferente”.

Ahora bien, la tolerancia, no implica libertinaje o anarquía; como tampoco significa pérdida de autoridad, ni indiferencia. En suma, existen valores considerados innegociables, que no entran en el campo de la tolerancia; por ejemplo, no podemos tolerar el homicidio, la esclavitud, la tortura, el robo, tráfico de drogas, en fin; las normas fijan límites; y deben ser respetadas por la colectividad.

El bien y el mal se definen por acuerdos morales de la sociedad, a los que por supuesto nos sometemos en uso de nuestra voluntad y conciencia.

Por otra parte, debemos tener claro que cada persona concibe y conceptualiza; pero esa percepción de la realidad (equivocadamente llamada verdad), jamás se debe imponer; lo que sí se impone independientemente del ser (sujeto cognoscente) y la conciencia (del sujeto) es la realidad.

Epilogando, tolerancia es una disposición o actitud mental de aceptación de la diversidad individual y comprensión de los errores propios a la naturaleza humana.

Tan importante es para la humanidad la práctica de la tolerancia, que el 12 de diciembre de 1996, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, invitó a sus Estados miembros a que se observara el 16 de noviembre (cada año), como el “día internacional de la tolerancia”. En esa fecha en la que deben realizarse actividades culturales y educativas dirigidas a los Centros Escolares y por ende, a toda la población; por tanto, el 16 de noviembre es el día internacional de la tolerancia.

En conclusión, sin tolerancia no hay armonía social; como tampoco la habrá, sin compromiso individual de vivir de conformidad con las exigencias morales de la sociedad.