Tocqueville, de corazón aristocrático, acepta desde la razón que la democracia social es una realidad providencial. Mientras la democracia social (igualdad) es una realidad histórica inevitable, la democracia política (participación y control) es una decisión libre de los ciudadanos. Como pensador político nos lega una reflexión teórica sobre la existencia social y política del “nuevo tipo de ser humano” que se fragua cuando las sociedades democráticas sustituyen a las aristocráticas. Deliberadamente se aleja de las pretensiones del método científico que auparon el nacimiento de la sociología con Comte y, en cierto modo, esta rémora ha propiciado que se interprete principalmente como un historiador o como un agudo analista de las sociedades democráticas.
Su corazón aristocrático se alimenta con el derecho natural, fundamental e inalienable de todo ser humano a ejercer su independencia personal. Con las razones de la razón comprende que un “nuevo mundo” requiere una “ciencia nueva”, así el analista social y el historiador preceden al científico. El “nuevo mundo” a sus ojos se define por la democracia social, es decir, por una igualdad social “providencial”. Está igualdad social histórica e inevitable de las sociedades modernas origina unos específicos moeurs que definen a un “nuevo tipo de ser humano”, que sustituye al que prevalecía en las sociedades aristocráticas. No se interesa por las manières de las sociedades modernas, sino los moeurs que definen la “naturaleza” de sus individuos.
En el proceso de la civilización se produce una lucha básica entre lo que denomina force individualle y force publique. En el estado social demi-civilisé predomina la force individualle porque la force publique se encuentra mal organizada para proteger al individuo. En cambio, en el seno de un pueblo complètament éclairé el cuerpo social provee a sus miembros en todos los sentidos.
Le sorprende que en Estados Unidos, a diferencia de Francia, los ciudadanos hayan podido conservar force individualle. Investiga las posibles causas concluyendo que son los moeurs de los primeros pobladores guiados por la voluntad todavía más que las leyes, la causa determinante de la preponderancia de la force individualle en Estados Unidos.
La preponderancia de la force publique explica el proceso de civilización hasta las sociedades modernas, pero no las condiciones exclusivas que las separan de las sociedades aristocráticas. Sostiene que la condición que determinan los moeurs de los individuos en las democracias sociales es le mouvement social. En el “nuevo mundo” la aristocracia —permanencia y estabilidad— desaparece y las condiciones de las sociedades modernas le mouvement social, la mentalidad industrial y la religión independiente del poder político definen los moeurs de un “nuevo tipo de ser humano”.
No acepta ningún tipo de determinismo porque piensa que las instituciones sociales y políticas pueden propiciar las condiciones adecuadas que permitan la libertad individual en las sociedades modernas. Mientras en Estados Unidos los moeurs libres han creado instituciones políticas libres, en Europa las instituciones políticas libres deben de educar en moeurs libres a sus ciudadanos.
Los moeurs libres en las sociedades modernas se pueden alcanzar con unas instituciones políticas libres y, por lo tanto, la actividad social y política tiene un papel central y protagónico en una sociedad liberal.
Es como pensador político cuando postula que la democracia segrega los antídotos para sus propias enfermedades, pero a lo largo de su obra las contradicciones persisten porque el nervio de su reflexión bascula entre la necesidad de una autoridad política con potestad para ordenar la vida social y su ideal de independencia individual, que presupone que el individuo puede resistirse a las autoridades políticas establecidas. Esta impresión de confusión se disipa cuando reconocemos que tras las generalizaciones excesivas y prematuras sobre la democracia en general, se encuentran tanto percepciones profundas de una probable causalidad social de las sociedades democráticas como de la psicología individual del “nuevo tipo de ser humano” que surge con la igualdad social.