Aquellos que pensaban que la mente era puro proceso o acto, como Brentano (1926), no dejaron de pensar en las “representaciones” y hablar de lo representado, aunque después negaran a estos, verdaderos contenidos mentales, su necesario carácter estático.

Por: Pepe G

 En realidad, ningún sistema en la historia de la psicología, ningún paradigma, muestra una pureza radical, respecto a los contenidos básicos a los que atiende, pues, aunque preferentemente cada uno de ellos se centró en el estudio de alguna de estas dimensiones o en algunos de sus aspectos de forma parcial, en ocasiones necesitaron recurrir en sus hipótesis explicativas, a las dimensiones o contenidos enfocados preferentemente por otros paradigmas, a los que en principio parece que se contraponían o directamente rechazan.

Así, el atomismo wundtiano, pese a centrarse en la búsqueda de los elementos estáticos de la conciencia, no dejó de pensar, en ocasiones y aunque fuera de forma contradictoria, que los elementos eran procesos como en el caso del propio Wundt, indicando con ello la dificultad de conceptualizar la naturaleza de los objetos mentales de carácter estático.

De igual manera, aquellos que pensaban que la mente era puro proceso o acto, como Brentano (1926), no dejaron de pensar en las “representaciones” y hablar de lo representado, aunque después negaran a estos, verdaderos contenidos mentales, su necesario carácter estático. Algo similar ocurrió en el caso de James (1986) en sus descripciones minuciosas sobre determinados estados mentales, estados que conceptualmente no pueden asimilarse, a la visión dinámica de flujo permanente de la mente, en tanto que un estado requiere componentes vivenciales de permanencia y durabilidad no asimilables a la noción perpetua de flujo.

Profundizar en los motivos y naturaleza de los enfrentamientos descritos permite entender el por qué de la multiparadigmaticidad (Caparrós, 1979) el por qué las sucesiones no son completas y los nuevos paradigmas conviven con los que les han precedido. Ello es así al no poderse obviar completamente, sin caer en la inconsistencia teórica, algunas de las dimensiones fundamentales del psiquismo, explicadas por paradigmas teóricamente superados que después resultó que también habían de ser tenidas en cuenta. ¿Cómo va a desaparecer el estudio de determinado campo, sustituyéndolo por otro que afronta un contenido de la psicología totalmente diferenciado? No tendría sentido cuando se abordan dimensiones diferentes del psiquismo; por tanto, de forma natural, los teóricos de la psicología necesitan seguir formulando hipótesis y teorías en el ámbito de paradigmas teóricamente superados, pues resurgen viejos problemas que los nuevos paradigmas son incapaces de resolver.

Así, el paradigma cognitivo, no puede prescindir de continuas referencias a los objetos y estructuras mentales, representaciones, como se las denomina preferentemente, pues para explicar el proceso mental, es necesario referirse a los objetos o elementos procesados: ¿Cómo se puede explicar el proceso imaginativo sin experimentar con las imágenes que el sujeto evoca o crea en su mente? ¿Cómo se puede hablar de procesos sin tener en cuenta las estructuras sobre las que estos tienen lugar? La sucesión de paradigmas, en todo caso habrá de darse dentro del mismo campo de contenidos, cuando se hallen teorías explicativas mejores que sustituyan a las anteriores, pero no en el caso de paradigmas que abordan fenómenos mentales diferentes, “inconmensurables”, y que por tanto nunca podrán sustituirse unos a otros.

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