Los Saltos de Fe No son para los Negocios

 Se necesitan muchas cosas para lograr el éxito y la fe es una de ellas. Aún en estos tiempos donde el cinismo está a todo lo que da, quienes tienen fe en algo tienden a obtener mejores resultados que quienes solo se guían por el frío cálculo de los beneficios.

Bueno, eso siempre y cuando no se trate de negocios porque, para ser prácticos, pensar con la cabeza fría es lo que te lleva a analizar las verdaderas oportunidades en cualquier negocio, oportunidad, franquicia o lo que sea que te pongan enfrente.

Aunque esto parece ir en contra de algunas de las cosas que has leído y de los muchos escritos de superación personal y autoayuda, considera lo siguiente:

En primer lugar, la fe es ciega. Implica creer en algo o alguien sin reservas y esperar que se logre lo que sea que está prometiendo. Esta fe ciega te puede dar el impulso de avanzar sin importar los obstáculos, excepto en los negocios.

Un negocio, para ser considerado como tal, debe poder cuestionarse, cambiarse y redefinirse, sin que nadie se moleste. Cualquier cosa que se diga del negocio debe ponerse a prueba y mostrar que puede dar resultados.

Sin embargo, la fe no admite cuestionamientos, ya que implicaría no tener fe y no se permiten otras interpretaciones o cambios, ya que es herejía.

En segundo lugar, la fe nunca se rinde. Quién tiene fe, cree hasta la muerte. Aunque esto está bien en una religión, ya que la muerte es el último paso en el camino por este mundo, en los negocios no hay tal cosa como “creer hasta la muerte”.

No importa que tan buenas sean las intenciones, no importa que tanta fe tengas ni cuanto le inviertas, la triste realidad es que los negocios fallan. A veces es culpa del mercado, de la situación económica, del producto, de la competencia o de un designio divino, pero tu negocio puede fallar, sin importar la fe que le tengas.

Cuando esto sucede, no tiene nada de malo dejar lo que no está funcionando y buscar nuevas oportunidades. El problema es que la fe no admite derrotas y se puede convertir en el motor que te lleve más cerca del abismo.

Aquí hay que decir que no se debe confundir perseverancia con fe. Quien persevera sigue hasta alcanzar su meta, pero si la meta no tiene la recompensa o el resultado que esperaba, hay que “sacudirse el polvo” y volver a empezar. La fe implica nunca dejar de creer, aunque se haya demostrado lo contrario.

Por último, una fe mal enfocada en los negocios siempre llevará a la frustración y al sentimiento de pérdida que solo puede asociarse a la muerte de un ser querido.

En los negocios las cosas siempre saldrán mal alguna vez. Aquí no se ha muerto nadie, simplemente las cosas no salieron como se esperaba. Un fracaso no significa una pérdida, es solo una lección aprendida en un largo camino de errores que hay por delante.

El concepto de la “fe en el negocio” lo manejan, sobre todo, las oportunidades de humo. “Sigue adelante, cree y no dejes que te convenzan de lo contrario” parece ser el lema. Aunque algunas son oportunidades legítimas, sobran también las que no admiten replica ni cuestionamientos. Ten especial cuidado con estas.

Ten fe en tu Dios (cualquier que sea), ten fe en ti y ten fe en la gente, pero no la tengas en los negocios. Evalúa fríamente, calcula, haz números y cuestiona. Si el negocio es bueno no solo aceptará los cuestionamientos sino que los agradecerá, para poder mostrarte su verdadero valor.

Si el negocio es bueno, entonces aviéntate con toda la fe en Dios y en ti. Al final de cuentas, si resultado que no sale, te retirarás a tiempo, aprenderás la lección y seguirás adelante.

Como todos los buenos emprendedores lo hacen.

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