La fertilidad del suelo es vital para la vida en el planeta a largo plazo. El aumento en las últimas décadas de la productividad agrícola se ha conseguido a cambio de la reducción gradual del contenido de materia orgánica (M.O.)

Por: Maitena Rumble

Paralelamente a la disminución de la fertilidad, ha decrecido la actividad biótico edáfica, que depende de la disponibilidad de nutrientes y de la energía aportada por la MO del suelo y de los residuos de los cultivos y de los animales. La diversidad de microorganismos del suelo es un indicador muy sensible de la contaminación y degradación de los ecosistemas. Dado que la mayor parte de la alteración química que se produce en el suelo se debe a la actividad de sus microorganismos, la capacidad del suelo para proporcionar nutrientes al cultivo en desarrollo a partir de sus propias reservas, es cada vez menor.
Se puede decir que la productividad actual sólo se mantiene por la aplicación de abonos químicos en cantidades cada vez mayores.
Un suelo sano es aquel que es capaz, a través de su actividad biótica y su propia fertilidad, de hacer fructificar cultivos y permanecer productivo durante largos periodos sin necesitar de grandes aportaciones exteriores.
Hoy no funciona el slogan de que el suelo es sólo un medio de cultivo para las plantas, y verlo como un ecosistema o ente vivo con constantes interacciones entre sus componentes bióticos y abióticos.
Una solución a estos problemas de la agricultura, teniendo en cuenta las capacidades de los microorganismos y su importancia, es potenciar y favorecer los PGPRs en el suelo.

microorganismos en la agricultura