Desde hace unos meses los españoles y europeos hemos podido comprobar cómo han ido proliferando empresas financieras que ofrecen préstamos rápidos, en su mayoría desde internet. Los anuncios en televisión son cada vez más comunes.

Por: Alvaro Julve Sepulveda

 Desde hace unos meses los españoles y europeos hemos podido comprobar cómo han ido proliferando empresas financieras que ofrecen préstamos rápidos, en su mayoría desde internet. Los anuncios en televisión son cada vez más comunes.
Las razones que hacen que estén triunfando estas empresas, en su mayoría extranjeras, no son otras que la falta de liquidez provocada por el cierre crediticio tradicional y la bajada drástica de ingresos debido al alto paro.
¿Esto convierte a estas financieras en ladronas o buitres como se las suele catalogar? No necesariamente. Cada producto financiero está pensado para una finalidad y un uso determinados. Si se sale de los parámetros establecidos se pueden producir gastos desproporcionados en los préstamos e intereses leoninos.
En lo concerniente a los prestamos rapidos hay que pensar que es un producto pensado para cubrir faltas de liquidez puntuales y que su devolución se produce a los pocos días. En ese caso el coste proporcional al préstamo es alto pero no inasumible.
Si se decide por no devolver el dinero el tipo de interés diario puede estar en el 1,5% de capital pendiente de pago. Esto supone gastos por encima de los 100€ al mes en préstamos de 250€ (añadiendo los gastos). Como se ve en varios meses de acumulación se puede superar el valor del crédito inicial por dos o por tres. Parece desproporcionado sin embargo no se debería llegar nunca a ese supuesto.
A nadie se le ocurriría comprar una vivienda con el tipo de interés que se aplica para la financiación de coches. Lo que se trata aquí es de conocer bien lo que se contrata y ser prudente a la hora de su uso. La reciente historia nos enseña que debemos ser precavidos en nuestros comportamientos económicos.
Leer bien las condiciones y funcionamiento de cualquier préstamo es fundamental de cara a poder hacer frente a su devolución. Las prisas no son nunca buenas consejeras y hay que confiar solo en empresas solventes y que aportan garantías.

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