Nos Gusta la Izquierda, Nos Gusta Sufrir

Ya van varias generaciones a las que han entusiasmado mas de una vez con discursos improvisados, nacionalistas, agresivos y, desde luego, socialistas, para después dejarlas en la mas completa miseria porque al caudillo en turno se lo ocurrió espantar a los inversionistas, destruir las instituciones y acuchillar la naciente democracia que todavía por estas tierras no se quita los pañales.

Aún son muy pocos los que han hecho la tarea de aprender que la libertad no está en las manos de un mesías revolucionario sino que a cada quien le toca labrársela día con día. La libertad y una mejor calidad de vida no nos la dará un Estado empresario y todopoderoso que disponga lo que debe hacer cada quien, lo harán los hombres y las mujeres libres que trabajan y dejar trabajar, que viven y dejar vivir, que respetan y luchan por ser respetados.

Pero lejos de aprender lecciones tan elementales y afines a la naturaleza del hombre, anhelamos siempre que un líder ambicioso venga y haga su santa voluntad con las instituciones, la economía y la vida de sus compatriotas. No nos gustan las leyes ni saber que existen, nos conformamos con discursos, pero los discursos, visto está, no quitan el hambre.
Y en lugar de mejorar vamos de mal en peor. Antes los lideres izquierdistas solían ser, cuando menos, buenos oradores, agresivos en sus discursos contra las libertades, pero carismáticos hasta para sus críticos. Incluso eso se ha perdido. Chávez es el venezolano más feo por decisión inapelable de la naturaleza, pero es también el más ridículo del mundo por elección propia. Lejos de lo que dice, que son desde luego estupideces, su voz es tan abominable que cuesta trabajo oírlo un minuto. Sin embargo el tipo es adicto a abrir la boca con aterradora frecuencia.

Somos la cultura del odio a los Estados Unidos y lo que representa, que es, en una sola palabra, la libertad de cada individuo. Y también somos la cultura de la admiración a lo que representa Cuba, que es una prisión que no necesita rejas porque hay mar por todos lados.

La ignorancia, creen muchos, es la causa de nuestra equivocación. Pero no podemos negar que en parte la necedad es la culpable, porque muchos se niegan a entender y a aceptar las evidentes pruebas. Si los Estados Unidos son el mal en toda la extensión de la palabra, ¿por qué millones de latinos quieres ir a ese país incluso poniendo la vida en juego? Y si Cuba es la isla de la libertad, ¿por qué las balsas solo vienen de allá para acá y no en sentido contrario?

Hay quien tiene la esperanza de que con el tiempo y los sinsabores que nos dejan los caudillos idiotas que abundan por ahí, la mentalidad del latinoamericano se haga razonable y seamos en adelante leales seguidores de la democracia, el Estado de Derecho, el libre comercio y la libertad individual para que cada quien se dedique a lo que dé la gana.

No ha ávido oportunidad de poner a prueba esa capacidad que tal vez tengamos y nos salve, porque cuando un líder de izquierda deja en la ruina a un país, al siguiente derechista que trata de enderezar todo no lo dejan los seguidores del otro y provocan que la población lo odie y pida a gritos a un nuevo caudillo.

Tal vez sea por eso que muchos ignoran de qué lado está el progreso. Tal vez. Pero ahora la oportunidad de experimentar ese cambio en la mentalidad de nuestra cultura se ve venir en la mayor isla del Caribe.
Si después de la muerte de los hermanos Castro y de la restauración de las libertades en Cuba, los cubanos vuelven a probar suerte con un caudillo marxista, será eso la más grande prueba de que nuestra cultura nunca cambiara. Ese gran examen, al parecer, no está lejos.

Adán J. Loredo