Las piscinas sirven para disfrutar y para refrescarse en los meses de calor. Pero son un arma de doble filo, si no practicamos un correcto mantenimiento de las piscinas pueden convertirse en un foco dfe infecciones.

Por: Juan Alvarez

Las piscinas son el centro de distracción y ocio durante los meses de más calor, sobre todo en las zonas donde no se dispone de una playa cercana. Es indudable que poder contar con una de estas instalaciones de nuestra propiedad es todo un lujo, pero implica unos cuidados y atención que no podemos olvidar.

La tarea del mantenimiento de las piscinas es algo más que una necesidad estética, tiene un efecto directo en la salud de los bañistas. Porque el agua de las piscinas puede ser un foco de infecciones y de problemas para la salud, ya que es el medio idóneo para que se desarrollen bacterias y otros microrganismos dañinos para nuestra piel, ojos y mucosas, por ejemplo.

Por eso, es imprescindible que a la limpieza de las piscinas se le unan productos y técnicas que garanticen la desinfección del agua. Ello se consigue usando agentes oxidantes y depurantes.

Siempre hay que tener en cuenta que de nada sirve aplicar estas sustancias químicas con poder desinfectante a nuestra piscina, sino acompañamos su acción de unas horas de filtrado. Este proceso facilitará que se mezclen bien con el agua y lleguen a todos los rincones, además de sacar del circuito a las partículas dañinas.

Hay que mencionar que ha surgido un nuevo sistema mediante generadores de ozono que es muy eficaz como desinfectante y sin necesidad de agregar productos químicos.

Entre los principales productos químicos para el mantenimiento de las piscinas destacan el cloro, que es el desinfectante más usado para las piscinas por su eficacia y bajo coste; el bromo, que desinfecta casi tanto como el cloro pero no produce irritaciones ni molestias a los bañistas; y los generadores de ozono, que desinfectan hasta 4000 veces más que el cloro, pero su precio es mucho más elevado.