Hoy quisiera compartir contigo algunas reflexiones sobre una pregunta tan antigua y existencial como la propia humanidad: ¿quién soy? La pregunta parece sencilla y la respuesta parece obvia, pero no lo es ni por asomo. 
QUIÉN SOY
AUTOR: Msc. Rafael Bestard Bizet
Psicoterapeuta y profesor de Psicología.

Hoy quisiera compartir contigo algunas reflexiones sobre una pregunta tan antigua y existencial como la propia humanidad: ¿quién soy? La pregunta parece sencilla y la respuesta parece obvia, pero no lo es ni por asomo.

Antes de reflexionar sobre esto me gustaría relatarte un cuento:

Esta es la historia de una mujer que estaba agonizando. De pronto, tuvo la sensación de que era llevada al cielo y presentada ante el Tribunal. Si contestaba acertadamente a una pregunta no tenía que volver a la Tierra.

-"¿Quién eres?", dijo una Voz.
-"Soy la mujer del alcalde", respondió ella.
-"Te he preguntado quién eres, no con quién estás casada".
-"Soy la madre de cuatro hijos".
-"Te he preguntado quién eres, no cuántos hijos tienes".
-"Soy una maestra de escuela".
-"Te he preguntado quién eres, no cuál es tu profesión".
-"Soy una cristiana".
-"Te he preguntado quién eres, no cuál es tu religión"
-“Soy Carmen”
-“Te he preguntado quién eres, no cuál es el nombre que te pusieron tus padres”
-"Soy una persona que ayudaba a los pobres y necesitados".
-"Te he preguntado quién eres, no lo que hacías".

Evidentemente no consiguió pasar el examen, porque fue enviada de nuevo a la Tierra. Y tú: ¿Quién eres?

Parece una pregunta sencilla con una respuesta sencilla. Casi siempre respondemos a esta pregunta refiriéndonos a nuestra posición social, nuestro nombre, nuestras creencias, etc. Y la razón de estas equivocadas respuestas está precisamente en la mente.

Cuando, desde la infancia, comienzas a ser socializado aparece la mente. El pensar de tu mente va creando un ego, una falsa identidad, un yo, que te aparta y te distingue de los demás. Es como una cebolla que va envolviendo a la vida en capas y empiezas a identificarte con lo que fabrica tu mente. De hecho llegas a creer que eres lo que piensas.

Un vez que te has identificado con la mente empiezas a experimentar una profunda sensación de carencia o falta de totalidad, de no estar completo nunca, pues esas cosas con las que te has identificado son impermanentes, vienen y se van. Comienzas a regir tu vida por una persecución compulsiva de gratificaciones para el ego, para llenar el vacío que sientes dentro. Entonces comienzas una carrera contra reloj para obtener dinero, posesiones, éxito, poder, reconocimiento o una relación especial. Así crees sentirte mejor contigo mismo, de sentirte pleno. Al final descubres que esta carrera no tiene fin.

Las identificaciones más comunes del ego tienen que ver con: las posesiones, la actividad que realizas, el status que has alcanzado socialmente, el reconocimiento que recibes, el nivel cultural y la educación, la apariencia física, tus dotes especiales, tu pasado personal y familiar, tu sistema de credos y convicciones, tus paradigmas raciales, políticos, religiosos o culturales, etc Pero ninguna de ellas eres tú. Es por eso que a la mujer del cuento le fue tan difícil contestar correctamente a la pregunta.

Lo que debes comprender es que mientras la mente sea tu ama, no vas a experimentar la paz interior. Solo habrá pequeños intervalos de esa paz cuando consigas lo que te has propuesto. El ego creado por la mente necesita ser constantemente alimentado y protegido.

Si comprendes esto, te percatarás de que tú no eres la mente. Tú no naciste con mente. Por eso a la pregunta existencial: quién soy, la única y verdadera respuesta es: soy vida. Y la vida es precisamente eso, un fluir, un derramarse, un brotar, un andar, un abrirse y un dar. Tu vida está por encima de tu psiquis y merece la pena de que la sientas. La mente es una herramienta para pensar, no para sentir. Con la mente nunca podrás sentir la vida. Hay personas que se mueren a los 60 o a los 70 años y de ellas se podría decir: esta persona murió a los 60 pero vivió solo hasta los 30 o los 40 años. Los restantes años no sintió la vida.

En los próximos artículos te seguiré brindando ejercicios para que puedas sentir a la vida. No creas ni des por sentado de que la sientes. De hecho, se puede trabajar, caminar, hacer el amor y existencialmente no sentirse vivo. Quiero que te contestes sinceramente esta pregunta, desde el fondo de tu corazón: Ahora, en estos momentos: ¿te sientes vivo?, ¿sientes la vida?

Quisiera despedirme con los versos de un poeta cubano; Ángel Buesa:
No son muertos los que en dulce calma
reposan de la tumba fría,
Hay muertos que tienen muerta el alma
y viven todavía.
Que la pases bien y que la paz sea contigo.