Una de las ideas sobre las cuales se ha escrito muy poco es: ¿cuáles son las características que debe tener una residencia para la tercera edad? No se trata de un aspecto sin importancia. Son muchas las peculiaridades a tener en cuenta.

Por: Bryoni Martin

Cuando llega el ocaso de nuestra vida, es probable que acabemos en una residencia. Nos resistiremos mientras podamos vivir en casa. O bien solos o gracias a los cuidados de la familia. Solo como último recurso accederemos a ir a las residencias de ancianos. Aunque tal vez esta no sea la mejor opción, ni de encarar la vida, ni nuestra vejez ni la de la que nos rodean.

Las residencias de ancianos no deberían ser vistas como el último recurso, donde ir cuando ya no tenemos otro lugar. Al contrario, son lugares donde podemos vivir, y hacerlo muy bien.

Para empezar hay diferentes regímenes. No es lo mismo ir a una residencia de día, a pasar unas horas, que pasar las 24 horas, los 7 días de la semana, los 12 meses del año.

Tampoco es lo mismo las personas con las que nos relacionemos. Habrá personas con enfermedades mentales graves, otras con dificultades motoras severas, otras quizás con algún achaque sin mucha importancia.

Podremos, al relacionarlos con personas de nuestra edad, mantener amistades, hablar de cosas que nos preocupen con ellas… Es un error pensar que la residencia debe ser el final de la vida y una especie de claustro en el que todo es oscuridad.

Lo que sí es seguro es que fundamental elegir, y es algo que se debería hacer mientras se puede. Para ello se puede acudir a distintos sitios en internet, sobre todo en directorios especializados en residencias.

En España hay muchas residencias, centros de día… Y aunque creemos que debería haber más y mejor equipada, hay lo que hay. Dentro de eso, de “lo que hay” podemos elegir la que consideremos mejor. Como decíamos antes, todas las situaciones no son las mismas, no todas las personas son iguales, así que cada caso necesitará ser visto de forma individualizada.

En cualquier caso, se trata de vivir, de vivir una vida digna de ser vivida, independientemente de donde estemos.


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