Hoy te hablaré de la importancia de comportase en la vida como el agua. Ser en la vida como el agua es la única manera de fluir con ella y llegar a sentirte vivo. SER COMO EL AGUA
AUTOR: Msc. Rafael Bestard Bizet
Psicoterapeuta y profesor de Psicología.

Hoy te hablaré de la importancia de comportase en la vida como el agua. Ser en la vida como el agua es la única manera de fluir con ella y llegar a sentirte vivo.

Nada en el mundo es tan blando como el agua, sin embargo los seres no pueden vivir sin ella y ninguna obra puede ser llevada a cabo sin ella. La conducta de la persona sabia es como el agua: carece de sabor, pero a todos complace; carece de color, pero es bella y cautivadora; carece de forma, pero se adapta con sencillez y orden a las más variadas situaciones.

La persona que vive en el ser, en la paz y en el equilibrio interno es como el agua: abarca toda la vida sin preferencias personales. Su humedad alcanza a todos y no busca recompensa. Su abundancia enriquece a todo el mundo sin agotarse.

Ser como el agua significa que no puede encontrarse ninguna finalidad en tu acción porque nunca estás dividido y disfrutas lo que haces. Como el agua, te golpean emocionalmente pero no te dañan, te tratan de atravesar con injurias y traiciones pero no sales herido; encienden fuego hablando mal de ti pero no hay humo. Suave y fluido como el agua no puedes ser dispersado, ni dividido. Vives completo y pleno en lo profundo de tu existencia.

Como el agua, cuando se requiere, puedes ser suficientemente penetrante para taladrar el metal y la piedra, pero no hay excesos ni carencias en tu interior. Permites a todo el mundo tomar de ti y a la vez das siempre lo mejor de ti.

Y la sencilla razón por la que el agua puede encarnar esta vir­tud esencial es porque es blanda y deslizante. Carece del ego que tenemos los seres humanos. Por ese ego sufrimos y nos separamos de los demás. Es el ego el que nos engaña haciéndonos creer que somos el centro del universo y que son los demás los que tienen que adaptarse a nuestro modelo.

Cuando entiendas que lo más blando del mundo vence a lo más duro del mundo; comprenderás que lo que se necesita es fluir con la vida precisamente como lo hace el agua. Cuando el agua se encuentra con un obstáculo que no le permite fluir, no guerrea con ese obstáculo. Sencillamente busca otra vía para seguir fluyendo.

Quienes vencen a los más fuertes mediante la flexibilidad tienen un poder que no puede medirse. Por ello, cuando un ejército es fuerte, perece; cuando un árbol es fuerte, se quiebra; cuando el cuero es fuerte, se agrieta; los dientes son más fuertes que la lengua, pero son los primeros en morir.

Así pues, la flexibilidad, la aceptación ante la vida y el disfrutar lo que haces son los administradores de la existencia. La resistencia, la dureza y la fuerza ante la vida, el querer que se haga tu voluntad son los soldados de la muerte.

Te brindaré un ejercicio que te ayudará a ir desarrollando estas cualidades tan importantes para la vida.

El ejercicio consiste en cerrar los ojos y sentirte como si estuvieras volviéndote transparente, por así decirlo (cuando lleves cierta práctica podrás hacerlo con los ojos abiertos). Como si no tuvieras la solidez de un cuerpo material. Ahora permite que el ruido, o cualquiera que sea la causa de tu inquietud, de tu ansiedad, o de tu negatividad, te atraviesen. Ya no golpea con una «pared» sólida en tu interior, ya no lo energetizas. En lugar de tener un muro de resistencia dentro de ti, golpeado constantemente por cosas “que no deberían estar ocurriendo”, deja que todo te atraviese.

Alguien te dice algo grosero o con intención de molestarte, o piensas en algo perturbador: En lugar de caer en la reacción inconsciente y en la negatividad, en lugar de atacar, ponerte a la defensiva o retirarte, deja que las palabras y los pensamientos te atraviesen limpiamente. No ofrezcas resistencia. Es como si ya no hubiera nadie que pudiera sentirse herido o que reaccione ante estos sucesos. Eso es desapego total. Así es como te vuelves invulnerable y comienzas a convertirte en la paz misma.

Puedes seguir diciéndole a esa persona que su conducta es inaceptable, si eso es lo que eliges. Pero esa persona ya no tiene el poder de controlar tu estado interno. Entonces realmente, y posiblemente por primera vez, seas el dueño de ti mismo, ya no estás bajo el poder de otra persona o de las circunstancias, y tampoco te dejas controlar por tu mente. Tanto si se trata de una alarma de automóvil, de una persona grosera, de una inundación, un terremoto, de la pérdida de todas tus posesiones o de pensamientos que vienen a tu mente, el mecanismo es el mismo. Eres sencillamente transparente a todo lo que está ocurriendo en el exterior y en el interior. Eres ese espacio sin forma que permite que todo ocurra. Solamente haz omnipresente este precepto en tu vida: suceda lo que suceda: “déjalo ser”. Y serás como el agua.

Que la pases bien y que la paz sea contigo.