Breve introducción subjetiva al turismo rural en España, desde sus orígenes hasta la situación actual, donde se valoran sus características frente a las del turismo convencional.

Por: Jose Rodríguez

Quizás, más que por lo económico que resulta, sea la esencia misma del turismo rural la responsable de que cada vez haya más adeptos en España y se incremente el número de viajes dentro de las fronteras.

Desde sus orígenes en Francia, más allá de la segunda mitad del siglo XX, el turismo rural se planteó un objetivo claro que tuve una respuesta inesperada por parte de la sociedad.

La acogida de este movimiento fue espectacular, y no se planteó ciertamente como una nuevo nicho de mercado (aunque luego se vieron todas sus posibilidades económicas). Más bien fue una práctica social que fue extendiéndose y para cuando se le quiso poner el nombre, turismo rural, ya estaba tan consolidado que muchos empezaron a ver un buen negocio.

No sólo se trata de negocio, claro, porque en ese caso no plantearía serias diferencias con el turismo convencional más allá de los paisajes exóticos. Se trataba en origen, y quiero creer que todavía hoy, de alcanzar las raíces esenciales de los habitantes de una región hermosa, no sólo por su paisaje, sino que es hermosa por el conjunto de valores que aporta al viajero: tranquilidad, naturaleza, tradición, historia....

Con este espíritu nació el turismo rural y con este mismo espíritu sigue creciendo en el Occidente Europeo. No sólo no transforma por completo una región tradicional, las costumbres de sus habitantes, ni tampoco condiciona el futuro de sus habitantes, sino que ofrece una gran posibilidad y esperanza de futuro a esas regiones, haciendo y conservando lo que hacen y saben conservar sus pobladores, dando al viajero toda una experiencia sensorial.

Los productos típicos no se “globalizan”, sino que se con ellos se elaboran platos típicos desde hace siglos; las montañas no se convierten en hoteles, sino que las casas rurales echan humo por sus chimeneas encaramadas al monte que las ha visto crecer; las grandes historias del Mundo, las colas para subir, por ejemplo, a la Torre Eiffel, se tornan lugares naturales de una hermosura sobrecogedora con microhistorias personales.

Las microhistorias están íntimamente ligadas al turismo rural, antes y después, porque es el contacto mismo entre seres humanos y el motivo por el cual alguien quiere visitar una región y empaparse de la diferencia que le supone con su modo de vida habitual.

En España, por fortuna, goza de buena salud y todas las partes implicadas surgen beneficiadas. Tanto los propietarios de casas rurales, como los empresarios que ofrecen actividades al aire libre, como el viajero inquieto y familiar como, por último, la propia Naturaleza que se conserva, preserva y disfruta.

Casas rurales en España