La humanidad a través de los siglos ha enfrentado un reto, establecer las bases de una convivencia pacífica. En la búsqueda de una alianza que permita a la sociedad vivir en paz, han fracasado políticos, religiosos  y los movimientos sociales.
Tal como lo expresó un ex asesor del gobierno de los Estados Unidos, con las siguientes palabras:

“La política es incapaz de devolver la cohesión a la sociedad, pues no está bien preparada para restablecer los principios morales tradicionales. Ni el mejor programa puede recuperar los valores relacionados con el noviazgo y el matrimonio, ni hacer que los padres sean responsables de sus hijos ni que la gente vuelva a sentir indignación y vergüenza como antes... La ley no logra erradicar la gran mayoría de los problemas morales que nos aquejan.”

A finales de la década de los años sesenta, un grupo de teólogos de Latinoamérica, emprendieron una lucha en favor de los pobres y oprimidos, a dicho movimiento religioso se le conoció con el nombre de “teología de la liberación”. De los resultados de este movimiento, los salvadoreños somos testigos; pues vivimos por más de una década una guerra que se gestó, en nombre de la justicia social y el bien común.

Un grupo de guías religiosos de Estados Unidos, ante la degradación de la sociedad en la práctica de valores morales; fundaron una sociedad llamada la Mayoría Moral, teniendo como fundador a Jerry Falwell, su objetivo era colocar a determinadas personas en puestos políticos para que establecieran leyes a favor de los valores familiares sanos; dicha organización fue disuelta en el año de 1989.

En el oriente, grupos musulmanes han procurado poner freno a la corrupción y a abusos; fomentando una obediencia más estricta al Corán.

A pesar de lo anterior; los hechos revelan que la práctica de valores morales, sigue menguando y aumentando la brecha entre ricos y pobres; aún, en aquellos países donde la teología de la liberación desempeñó un papel destacado.

La Constitución de El Salvador del año de 1983, en su considerando plantea, que los constituyentes, habiendo puesto su confianza en Dios para decidir los altos destinos de la patria, la promulgaron con el objetivo de fortalecer la convivencia social pacífica; sin embargo, lo que a diario vemos en nuestra sociedad nos permiten darnos cuenta que resultaron frustrados los ideales que animaron su promulgación.

Paul Weyrich, quien acuñó la denominación la mayoría moral, dijo:

“Aun cuando ganamos en el ámbito político, nuestras victorias no se traducen en la clase de actitudes que creemos son importantes... La cultura se está convirtiendo en una cloaca cada vez más ancha. Estamos atrapados en un colapso cultural de grandes proporciones históricas, tan enorme que ahoga la política”. No es a través de la política como se va a mejorar a la sociedad, pues el verdadero cambio se produce cuando se transforma a las personas. Al respecto Cal Thomas dijo: “el verdadero cambio se produce transformando a las personas una por una, no ganado elecciones, porque nuestros problemas principales no son económicos ni políticos, sino morales y espirituales.”

Por tanto; todos los esfuerzos bien intencionados de políticos, religiosos y otros, no son capaces de mejorar al mundo. Ahora bien que hacer, es necesario buscar respuestas que permitan ofrecer una alternativa, muy conocida es la expresión que dice:

“No hay más que un problema en el mundo, transformar al hombre; no hay mejor método de hacerlo: educarlo.”

Lo anterior hace surgir una inquietud; cómo se ha de educar al hombre, el sabio escritor Salomón, dijo: “Entrena al muchacho conforme al camino para él; aun cuando se haga viejo no se desviará de él.”... “La vara y la censura son lo que da sabiduría;...”

Los niños necesitan de un camino, un conjunto de normas que fijen las reglas que han de beneficiarles. En la familia ha de ejercerse autoridad sobre los hijos; autoridad que a de desempeñarse con amor por los padres. Sí, es fundamental educar a los hijos conforme principios espirituales.

La familia que según nuestra Constitución es la base fundamental de la sociedad, atraviesa, por una crisis que amenaza cada vez más con ponerle fin a su cohesión interna. Si la familia vive dicha situación, verdaderamente qué podemos esperar de la sociedad en su conjunto. Por tanto; algunas medidas, deben tomarse. Medidas que beneficien los cimientos de la familia, por ejemplo: asistencia y orientación psicológica, la cual debe ser constante y brindada por profesionales en la materia; asimismo, es necesario que los gobernantes creen incentivos de orden económico y social que permitan a los padres satisfacer las necesidades de sus hijos. Los programas de orden social deben estar a la orden de la familia promedio y no sólo para unas minorías.

Por otra parte, también es necesario rescatar los valores tradicionales, como son el respeto y el amor familiar, para que su práctica se vea reflejada en la sociedad; alternamente a éste, se deben crear las condiciones que permitan a la familia vivir en condiciones de dignidad, mejorando salarios y creando fuentes de empleo.

Los cónyuges, deben trabajar unidos y evitar las rivalidades que se han vuelto comunes en nuestros tiempos, pues tienen en sus manos la ardua tarea de educar a sus hijos en un ambiente en el que prevalezca el amor, el respeto, y la comunicación honrada y franca. Sólo así, estaremos en condiciones de mejorar la situación actual y encaminarnos hacia el establecimiento de una nueva sociedad; se necesita pues, de una transformación moral y espiritual del hombre.

Para mejorar las condiciones actuales se necesita de un proyecto social, económico, político, moral y espiritual en el que participen todos los sectores de la sociedad. La responsabilidad es de todos y cada ente debe cumplir con lo que le corresponde, si queremos ver cambios significativos. No se puede pensar que sólo es responsabilidad de los padres y madres de familia o del gobierno. Sin embargo, este último no da muestras de querer resolver los problemas de nación; pero además, los partidos políticos, lejos de contribuir con la solución, polarizan cada vez más la sociedad. A lo anterior, se añade las sandeces en que incurren al tomar decisiones.

Vivir en paz es verdaderamente un desafío para la humanidad. Conquistarla es el reto de todos. Para ello, se necesita que gobiernos, partidos políticos y sociedad en general; practiquemos valores que se basen en las enseñanzas del Gran Maestro. El líder de la independencia de la India, le dijo al Ministro Británico (de su época): “el día en que su nación y la mía pongamos en práctica las palabras del Sermón de la Montaña, se habrán resuelto no sólo nuestros problemas, sino los de todo el mundo”.
Por Lic. Jaime Noé Villalta Umaña
Prof. y Abg.